Facebook se ha consolidado como un espacio central para la expresión de la frustración y el enojo del sector agrícola desde el inicio de la crisis. Grupos de apoyo, imágenes engañosas y relatos emotivos: el algoritmo de Meta transforma una crisis agrícola en un fenómeno político polarizado.
Desde la aparición de los primeros casos de dermatosis nodular contagiosa y los sacrificios de ganado que le siguieron, Facebook se ha llenado de grupos que muestran su apoyo a los agricultores. Sus nombres: «Apoyo a los agricultores«, «Yo apoyo a los agricultores«. Algunos reúnen decenas de miles de miembros.
A la cabeza de estos grupos, con frecuencia encontramos administradores anónimos, que no necesariamente provienen del mundo agrícola. La moderación es escasa, a veces inexistente. Como resultado, las publicaciones se suceden rápidamente. Testimonios de ganaderos, artículos alarmantes sobre nuevos sacrificios, llamamientos a la movilización… pero también una avalancha de imágenes engañosas.
Entre los contenidos más compartidos, muchas imágenes son generadas por inteligencia artificial o sacadas de contexto: ganaderos llorando, rebaños sacrificados, tractores frente a los cordones de las fuerzas del orden… También circulan montajes más burdos, como esta absurda imagen que muestra a un jefe de Estado africano no identificado “apelando al pueblo francés” sobre la situación agrícola. Un vídeo compartido miles de veces.
Estos contenidos tienen un punto en común. Están diseñados para provocar una reacción emocional inmediata, como la ira, la indignación o un sentimiento de injusticia, mucho más que para informar.
Esta dinámica ha sido documentada por una investigación del medio L’ADN, que probó el algoritmo de Facebook creando una cuenta completamente nueva, sin amigos ni interacciones. Los periodistas luego desplazaron el feed de noticias durante varias horas.
La conclusión es clara: el feed promueve masivamente contenidos centrados en la ira, el conflicto y el orgullo identitario. Según el medio, muy pocas publicaciones con responsables políticos o sindicales de izquierda aparecen. En el sector agrícola, algunas organizaciones, como la Coordination rurale, disfrutan de una visibilidad mucho mayor que otras. La impresión que queda es la de un tema secuestrado por narrativas muy orientadas, donde la matización y la pluralidad desaparecen.
En este entorno, la desinformación encuentra un terreno fértil. Circulan citas atribuidas erróneamente a personalidades públicas, como Jacques Attali, supuestamente revelando intenciones ocultas del poder. Estas frases son, sin embargo, falsas o distorsionadas, y reaparecen en cada crisis importante, ayer con el Covid, hoy con la agricultura.
Estas intoxicaciones sobre la vacunación del ganado o las políticas europeas recuerdan directamente a los discursos conspiranoicos que prosperaron durante la pandemia de Covid-19. Facebook se convierte así en un espacio donde se reciclan narrativas de desconfianza ya bien establecidas.
Oficialmente, Meta, la empresa matriz de Facebook, asegura que está ajustando sus reglas y reduciendo la visibilidad de los contenidos políticos, especialmente en Europa. Pero estas declaraciones chocan con la historia reciente de la plataforma.
En 2018, Facebook modificó profundamente la forma en que elige los contenidos que se destacan en el feed de noticias, priorizando lo que llama “interacciones significativas”. En la práctica, son las publicaciones que generan reacción, las que impactan, preocupan o enfurecen, las que suben más.
Este sesgo nunca se ha corregido realmente. En Estados Unidos, a principios de 2025, Meta incluso fue más allá al poner fin a su sistema de verificación de datos y flexibilizar la moderación sobre temas altamente sensibles como la inmigración o la identidad.
Facebook no inventa la ira agrícola. Pero al escenificarla, simplificarla y cargarla emocionalmente, la plataforma contribuye a intensificarla. El debate se polariza, los hechos pasan a un segundo plano y las narrativas más divisivas ganan visibilidad.
