Alexander Wåhlberg, de 38 años, vive con un trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) severo que limita su vida diaria. Utiliza guantes en su hogar, evita el contacto físico y rara vez sale. A pesar de su situación, no tiene acceso a un tratamiento que podría mejorar su calidad de vida.
Según sus propias palabras: “He probado numerosos medicamentos y terapias, pero nada funciona”. Además, lamenta no poder acceder a nuevos métodos de tratamiento que han demostrado ser efectivos para otras personas. “Conozco gente que ha recuperado sus vidas gracias a estos tratamientos”, afirma Wåhlberg.
Wåhlberg expresa su deseo de poder incorporarse al mundo laboral y retomar sus estudios de secundaria.
