Recientemente, RTL Nieuws informó sobre un aumento en el número de personas en los Países Bajos que sufren de ansiedad y depresión, especialmente entre mujeres y jóvenes. Esta tendencia se desprende de una investigación realizada por el Instituto Nacional de Salud Pública y Medio Ambiente (RIVM) y el instituto de conocimiento Trimbos. Para la psicóloga Sabine Klaver, este aumento no es sorprendente. «Llevo tiempo sintiendo que la situación está empeorando. Se habla más sobre la salud mental, lo que la hace más visible, pero también hay un aumento real en el número de quejas.»
Detectar las quejas a tiempo
Lo que más le preocupa a Klaver es que muchas de estas quejas podrían ser abordadas eficazmente en una etapa temprana, mucho mejor que en una fase más avanzada. «Las personas a menudo esperan demasiado. A veces debido a los largos tiempos de espera, pero también porque creen que la situación mejorará por sí sola o que no es tan grave. Sin embargo, precisamente esa demora puede empeorar las quejas y, eventualmente, desembocar en una depresión.» Según Klaver, esto requiere un enfoque a múltiples niveles: mejorar el acceso a la ayuda, pero también prestar más atención a la salud mental fuera del consultorio médico. «Deberíamos empezar mucho antes, por ejemplo, en la educación, enseñando a reconocer las señales y a hablar de ellas abiertamente.»
Una vida más compleja
Klaver considera que el aumento de estas quejas está directamente relacionado con la forma en que se ha estructurado nuestra vida en los últimos años. «La vida se ha vuelto más compleja. Tenemos más roles, más expectativas y menos momentos de descanso. Y a eso se le ha sumado una realidad adicional: nuestros teléfonos.» Este mundo digital exige atención y comparación constantes. «Las redes sociales hacen más daño que bien.»
«No necesitas tener una razón para sentirte deprimido.»
Klaver enfatiza que los problemas de salud mental no siempre tienen una causa clara. «Puedes tener todo en orden y aún así sentirte profundamente deprimido. A la inversa, las personas pueden encontrarse en circunstancias difíciles sin desarrollar una depresión.» Según ella, la salud mental es una interacción de predisposición biológica, sensibilidad, factores hormonales, personalidad y entorno. «Ya sabemos mucho, pero todavía hay mucho que no sabemos sobre el cerebro. A veces no hay una respuesta clara a la pregunta del porqué, y afortunadamente no es necesario encontrarla para mejorar.»
«Compartir tus sentimientos es muy importante», afirma Klaver. Durante las entrevistas iniciales, a menudo escucha: ‘Eres la primera persona a la que le cuento esto’. Si no puedes compartirlo durante mucho tiempo, la situación empeora enormemente. Aunque la salud mental se discute cada vez más en la sociedad, eso es diferente a tener una conversación cuando uno mismo se siente abrumado. «En esos momentos, no ves el bosque por los árboles.»
La apertura y los pequeños hábitos diarios son la base de la salud mental, subraya Klaver. Un buen ritmo de sueño, una dieta variada, suficiente ejercicio y la exposición diaria a la luz solar son beneficiosos para todos, pero si esta base se tambalea, las cosas pueden empeorar rápidamente. «También es crucial sentir que tienes un propósito, que importas, tanto para los demás como en tu trabajo.» En el caso de la ansiedad, existe la tendencia a evitar las situaciones, y precisamente romper con esa tendencia es esencial. «Cuanto peor se sienta alguien, más difícil será conectar con los demás, aunque en ese momento sea precisamente lo que más necesita.»
Tu entorno
«El entorno puede desempeñar un papel importante en esto», dice Klaver. «Atrévete a preguntar a alguien cómo está. Es mejor decir algo que nada. Y escucha atentamente, sin ofrecer inmediatamente soluciones o consejos bien intencionados.» Aboga por una participación concreta. «No te limites a decir: ‘hazme saber si puedo ayudarte’. Toma la iniciativa. Puedes llamar a alguien o proponerle que cenen juntos mañana o que den un paseo el fin de semana. Durante la cita, no es necesario hablar de los problemas, sacar a alguien de casa puede hacer mucho bien.»
Estas pequeñas formas de contacto son más importantes de lo que pensamos. «La conexión es una necesidad básica del ser humano, pero cada vez la pasamos por alto más.» Según Klaver, vivimos más aislados que antes. «El teletrabajo ha aumentado, las asociaciones y los centros comunitarios han desaparecido, y los contactos sociales se producen con mayor frecuencia a través de aplicaciones. Esto no es malo en sí mismo. Pero el contacto a través de las redes sociales debería ser un complemento, no un sustituto.»
El estrés también juega un papel importante. «El estrés no es necesariamente malo, incluso lo necesitamos para funcionar. Pero si no hay un equilibrio entre esfuerzo y relajación, el sistema de estrés se sobrecarga.» Muchas personas funcionan con adrenalina durante mucho tiempo. «Esto puede sentirse bien por un tiempo, pero a largo plazo socava la salud mental.»
Esta presión afecta a algunos grupos más que a otros. Los jóvenes, por ejemplo. «En lugar de ser un momento para esperar con ilusión, se preocupan mucho por el futuro.» Las investigaciones suelen revelar los mismos temas: soledad, inseguridad y una imagen negativa de sí mismos. Además, están constantemente conectados, pero los jóvenes se sienten más solos porque falta una conexión real. «La comparación constante con los demás también está siempre presente.»
Equilibrar todas las cosas
«Hoy en día se espera que las mujeres lo combinen todo: un trabajo, a menudo a tiempo completo, el cuidado de la familia, una vida social y el desarrollo personal. Simplemente es demasiado en poco tiempo.» Aunque los roles están cambiando lentamente, las expectativas sociales siguen siendo desiguales, según ella. Los hombres a menudo sienten la presión de ser fuertes y mantener la compostura, lo que hace que expresar emociones, como la tristeza, sea menos natural. «Por esta razón, los hombres a menudo tienen más dificultades para regular sus emociones.»
Según Klaver, nos necesitamos más de lo que a menudo admitimos. «Los problemas de salud mental pueden afectar a cualquiera. Nadie está completamente protegido.» Por eso aboga por una mayor convivencia en lugar de vivir uno al lado del otro. «Comer juntos más a menudo, ayudarnos mutuamente, incorporar el contacto social en nuestra vida de forma habitual. Si hiciéramos eso, nos haría mucho bien a todos.»
