El análisis de Altinget sobre los costos de las oficinas de la UE de las regiones suecas es bienvenido. Los recursos públicos deben ser objeto de escrutinio. Sin embargo, cuando el debate se centra únicamente en los costos, existe el riesgo de perder de vista la cuestión más importante: por qué las regiones suecas optaron por tener presencia en Bruselas.
Una cuestión de influencia directa
La UE es hoy en día un nivel político central para cuestiones relacionadas con el desarrollo regional, la infraestructura de transporte, la política industrial, la energía, la investigación y el suministro de competencias. Para las regiones, la presencia en la UE no se trata, por lo tanto, de simbolismo o representación, sino de influencia práctica en procesos que se desarrollan continuamente y, a menudo, mucho antes de que se tomen decisiones formales.
Esto es especialmente evidente en el norte de Suecia. Las largas distancias, la baja densidad de población y una rápida transformación industrial implican que las regulaciones generales y las soluciones estándar corren el riesgo de no ser efectivas. Si estas perspectivas no se tienen en cuenta al formular problemas, elaborar programas de trabajo y establecer prioridades, existe un riesgo evidente de que las decisiones no tengan en cuenta las condiciones regionales reales.
El caso de la línea ferroviaria Norrbotniabanan
Un ejemplo concreto es el trabajo realizado en la línea ferroviaria Norrbotniabanan. La relevancia europea del proyecto no surgió por sí sola. Se construyó a través de una colaboración a largo plazo entre los actores regionales y un diálogo continuo en Bruselas sobre cómo la infraestructura de transporte en el norte de Europa contribuye a la competitividad, la transición climática y la cohesión dentro de la Unión.
El hecho de que la cuestión esté hoy más firmemente arraigada en el contexto de la política de transporte de la UE es el resultado de un trabajo de influencia constante.
Por lo tanto, la pregunta no debe ser si las regiones deben estar representadas en Bruselas, sino cómo se utiliza esta presencia.
El mismo patrón se repite en la política de investigación e innovación de la UE. Universidades, empresas y actores públicos de Västerbotten participan en colaboraciones en áreas como la tecnología verde, la digitalización y las ciencias de la vida. Estos proyectos rara vez surgen a través de convocatorias abiertas en el vacío. Se forman a través de redes, asociaciones y acceso temprano a la información, donde la presencia juega un papel crucial.
La presencia cuesta, pero la ausencia cuesta más
Las críticas a las oficinas de la UE a menudo se centran en la dificultad de medir los resultados en términos monetarios. Esta objeción es comprensible, pero se basa en una visión simplificada de cómo funciona la influencia política. Las decisiones cruciales rara vez se toman en la votación formal. Se forman gradualmente a través de consultas, grupos de trabajo y procesos informales donde la confianza, las relaciones y la continuidad son centrales.
Por lo tanto, la pregunta no debe ser si las regiones deben estar representadas en Bruselas, sino cómo se utiliza esta presencia. La transparencia, las tareas claras y la coordinación son esenciales. Pero concluir que la ausencia sería una forma de ahorrar dinero ignora el costo a largo plazo de una influencia reducida.
Estar activo en Bruselas es garantizar que Västerbotten tenga influencia incluso cuando las decisiones se tomen fuera de la región.
Es asumir la responsabilidad del futuro de Västerbotten.
