Cada vez más investigaciones confirman que los arándanos silvestres ofrecen una amplia gama de beneficios para la salud, que superan su delicioso sabor y atractivo visual. Desde la protección a nivel celular hasta la mejora de la función cerebral y cardiovascular, esta fruta se consolida como un verdadero superalimento. Su fácil incorporación a la dieta diaria, junto con la evidencia científica que respalda sus efectos positivos en la salud del corazón, el cerebro y las células, la convierte en un aliado natural para proteger el organismo y prevenir el envejecimiento, siempre dentro de un estilo de vida saludable y una alimentación equilibrada.
La clave de sus propiedades reside en su composición, ya que los arándanos silvestres contienen una concentración significativamente mayor de antocianinas y polifenoles en comparación con los arándanos cultivados comúnmente disponibles en los supermercados. Estos compuestos son responsables de su intenso color azul oscuro y, fundamentalmente, de su notable poder antioxidante. Las antocianinas y los polifenoles contribuyen a proteger las células del daño oxidativo, optimizan la circulación sanguínea y promueven la salud cerebral y cardiovascular. Aunque los arándanos cultivados también son beneficiosos, presentan una menor concentración de estos principios activos y un mayor contenido de azúcar. Por ello, los expertos recomiendan priorizar el consumo de arándanos silvestres, que se pueden encontrar congelados o deshidratados en tiendas especializadas.
Diversos estudios nutricionales han demostrado que las antocianinas presentes en los arándanos silvestres no solo protegen las células, sino que también podrían ayudar a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, inflamatorias y neurodegenerativas. Su alta densidad nutricional ha llevado a investigar su potencial incluso como terapia complementaria para pacientes oncológicos o con deterioro cognitivo leve.
Una revisión científica publicada en Critical Reviews in Food Science and Nutrition analizó los resultados de 12 ensayos clínicos realizados en humanos a lo largo de 24 años y en cuatro países, sobre los efectos cardiometabólicos de los arándanos silvestres. Los hallazgos más consistentes apuntan a una mejora de la función vascular, gracias a su capacidad para contribuir a la función endotelial, es decir, la capacidad de los vasos sanguíneos para relajarse y responder adecuadamente. Estos efectos pueden ser perceptibles incluso pocas horas después de consumir una sola porción, y se intensifican con un consumo regular a lo largo de semanas o meses.
Mejoras en la memoria y el rendimiento cognitivo
El metanálisis también destaca que el consumo de arándanos silvestres puede favorecer el rendimiento cognitivo, posiblemente debido a la mejora de la circulación en todo el cuerpo y a su interacción con el microbioma intestinal. En adultos mayores, se han observado mejoras en la velocidad de pensamiento y la memoria, tanto con una única porción como con intervenciones más prolongadas. Su contenido en fibra y polifenoles permite que, al llegar al colon, sean transformados por los microbios intestinales en metabolitos que pueden ser absorbidos por el torrente sanguíneo, representando hasta el 40% de los compuestos activos en sangre después de consumir alimentos ricos en polifenoles.
Además, en personas con alto riesgo cardiometabólico, varios estudios muestran mejoras clínicas en la presión arterial, el control glucémico y los marcadores lipídicos como el colesterol total, el colesterol LDL y los triglicéridos tras semanas de consumo de arándanos silvestres.
Para aprovechar al máximo estos beneficios, los expertos recomiendan consumir aproximadamente una taza de arándanos silvestres al día. Dado que suelen comercializarse congelados, se pueden añadir fácilmente a batidos, avena, yogur, ensaladas o productos horneados a lo largo de todo el año.
