Un tratado vital para prevenir la escalada armamentística nuclear está a punto de expirar mañana, 5 de febrero. La administración de Donald Trump, según informes, no ha trabajado en encontrar una solución al acuerdo, con negociaciones estancadas el mes pasado y sin retomar desde entonces.
Fuentes familiarizadas con el desarrollo del tratado de paz revelan que el presidente Trump y sus asesores aún no han mantenido conversaciones sobre cómo abordar la inminente fecha límite, ni mucho menos sobre cómo resolver la situación.
En un artículo publicado en Slate, Fred Kaplan señala que aquellos al tanto de la fecha de expiración del Nuevo START no estaban en posición de ceder a la exigencia de Trump de incluir a China en el próximo acuerdo. Kaplan advierte que tal propuesta podría llevar años.
“Si el pasado sirve de precedente, un nuevo tratado tomaría al menos un año para negociarse; si China participa, algo que nunca ha sucedido antes, tomaría muchos años”, escribió Kaplan. “Mientras tanto, podríamos presenciar una renovada carrera armamentística nuclear, revirtiendo una tendencia de los últimos cincuenta años. Lo sorprendente es que, según todos los informes, Trump y sus asesores ni siquiera han mantenido una conversación sobre la posibilidad o sus implicaciones para la política estadounidense o la seguridad mundial.”
El mes pasado, Trump minimizó la importancia del tratado, afirmando: “Si expira, expira. Haremos un acuerdo mejor”.
Cabe recordar que, durante su primer mandato, Trump abandonó el acuerdo nuclear con Irán, asegurando que, como maestro del “arte de negociar”, presionaría a Teherán para que aceptara un acuerdo “mejor”. Esto nunca ocurrió. No hay razón para creer, especialmente dadas las tensas relaciones de Washington con Moscú y Pekín, que logrará un sustituto superior para el Nuevo START.
Un exfuncionario del Pentágono advirtió previamente que la expiración del tratado podría fortalecer a Rusia y a sus aliados. Kingston Reiff señaló que el Nuevo START proporcionó información valiosa sobre las actividades militares de Rusia. “Mi evaluación neta es que el tratado redujo la incertidumbre sobre las fuerzas nucleares estratégicas rusas y nos brindó una mayor confianza en nuestros propios planes y capacidades nucleares”, escribió.
“Desde la entrada en vigor del Nuevo START, no ha habido avances reales en medidas adicionales de control de armas. Moscú y Pekín son los principales responsables de esto. Definir un rumbo para el próximo capítulo no será fácil, pero sigue siendo una tarea necesaria”, concluyó Reiff.
