De repente, el tono de Donald Trump cambió radicalmente. Durante meses, el expresidente estadounidense había intentado desviar la atención pública en el caso Epstein, enfocándola en Bill Clinton. Trump insistía en que el ex presidente demócrata conocía mucho mejor al difunto Jeffrey Epstein, un convicto por delitos sexuales, e incluso alegó que había sido invitado a su isla privada, algo que Clinton niega. En noviembre, Trump ordenó al Departamento de Justicia investigar las conexiones entre Epstein, Clinton y otros demócratas de alto perfil.