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Acoso escolar WhatsApp: señales y cómo actuar

by Editor de Tecnologia

El acoso escolar ha evolucionado, y ya no siempre se manifiesta con agresiones directas. Cada vez más, el problema se traslada a los grupos de WhatsApp de clase, dando lugar a lo que expertos y educadores denominan acoso «silencioso». Este tipo de acoso se caracteriza por conductas de exclusión, aislamiento u humillación indirecta que, aunque no siempre se perciben como violencia, tienen un impacto profundo en quienes lo sufren.

A diferencia del acoso tradicional, el ciberacoso no se limita a insultos o amenazas. Con frecuencia, se basa en la ignorancia sistemática, la expulsión de grupos, la ridiculización a través de bromas, memes o reacciones, o la creación de subgrupos cerrados para excluir a un compañero. Estas dinámicas, repetidas en el tiempo, colocan a la víctima en una clara desventaja.

¿Cuáles son las señales de alerta en los grupos de WhatsApp?

Detectar este tipo de acoso no es sencillo. La Asociación Española Prevención Acoso Escolar (AEPAE) advierte que algunas señales a las que prestar atención son cambios de humor, pérdida o sustracción de material escolar, temor a ir al colegio o incluso somatizaciones.

Sin embargo, existen indicadores claros en las redes sociales que pueden ser útiles una vez detectada alguna señal de alerta o cambio en el comportamiento del niño o niña:

Mensajes del alumno o alumna que no reciben respuesta de forma reiterada.

Expulsiones del grupo o dificultades intencionadas para acceder a él.

Burlas encubiertas, indirectas, motes o el uso de emojis para ridiculizar.

Creación de subgrupos con fines excluyentes.

Silencio del resto del grupo, que observa la situación sin intervenir.

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Cuando estas conductas persisten en el tiempo y se acompañan de cambios en el comportamiento del menor, como el rechazo a ir a clase, ansiedad, aislamiento o un descenso en el rendimiento académico, es fundamental actuar con rapidez.

¿Qué pruebas es conveniente conservar?

En casos de ciberacoso, las pruebas digitales son esenciales para que el centro educativo pueda intervenir de manera efectiva. Las guías de actuación recomiendan conservar capturas de pantalla que permitan contextualizar lo ocurrido.

Las capturas de pantalla más útiles son aquellas que incluyen:

– El nombre del grupo y los participantes.

Mensajes relevantes con fecha y hora visibles.

– Una parte del contexto de la conversación (no solo un mensaje aislado).

Imágenes, audios o memes utilizados para humillar o excluir.

Es importante no difundir estas capturas ni reenviarlas a otros grupos, ya que contienen datos de menores y deben utilizarse únicamente como prueba dentro del ámbito educativo o, si fuera necesario, legal.

¿Cómo activar el protocolo del centro educativo?

El Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes recuerda en sus guías sobre convivencia escolar que todos los centros están obligados a actuar ante cualquier indicio de acoso o ciberacoso, independientemente de si los hechos ocurren dentro o fuera del aula, siempre y cuando afecten a la convivencia escolar.

El procedimiento habitual comienza con la comunicación al tutor o tutora y al equipo directivo, preferiblemente por escrito y acompañada de la información disponible. A partir de ese momento, el centro debe valorar los indicios y, si procede, activar el protocolo de acoso escolar, que incluye:

Medidas inmediatas de protección para la posible víctima.

Análisis de los hechos, teniendo en cuenta la repetición, la intencionalidad y el desequilibrio de poder.

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Intervención educativa con el alumnado implicado y seguimiento del caso.

El Ministerio subraya que estos protocolos tienen un carácter educativo y preventivo, y buscan restaurar la convivencia, proteger al menor afectado y evitar que la situación se agrave.

La importancia de la prevención

Especialistas en convivencia escolar coinciden en que la prevención pasa por educar en el uso responsable de la tecnología, establecer normas claras sobre los grupos de clase y fomentar la implicación del alumnado como parte activa de la solución. No reírse de las burlas, no reenviar contenidos ofensivos y avisar a un adulto de referencia son gestos que marcan la diferencia.

En definitiva, visibilizar el acoso «silencioso» en los entornos digitales es un paso imprescindible para combatirlo. Porque el hecho de que no haga ruido no significa que no duela.

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