Home EntretenimientoAgenda Setting y Framing: ¿Cómo influyen los medios en la política?

Agenda Setting y Framing: ¿Cómo influyen los medios en la política?

by Editora de Entretenimiento

La manera en que los medios y los actores políticos definen qué temas son importantes en la opinión pública –lo que se conoce como “agenda setting”– es un pilar de la comunicación política. No se trata de imponer una forma de pensar, sino de dirigir la atención hacia ciertos asuntos.

Cuanto más se discute un tema en los medios, en los discursos políticos o en las redes sociales, más relevancia le otorga la sociedad. Este proceso no modifica directamente las opiniones, pero sí redirige el foco de atención. Si el debate público se centra constantemente en temas como la seguridad, el narcoterrorismo o la migración, estos ascenderán en la escala de prioridades sociales.

El “framing”, o encuadre, juega un papel crucial. Consiste en seleccionar ciertos aspectos de la realidad y darles mayor énfasis para influir en la interpretación del público. El “priming”, por su parte, ocurre cuando la exposición constante a un tema lleva a la sociedad a evaluar a los líderes políticos basándose en ese criterio. Por ejemplo, si el tema central es el narcoterrorismo, se juzgará a los líderes por su firmeza en materia de seguridad.

El escándalo en torno a Jeffrey Epstein ha sacudido la agenda global, generando un efecto dominó. Desde una perspectiva de comunicación política, es interesante analizar cómo la reciente publicación de más de tres millones de páginas de documentos por parte del Departamento de Justicia estadounidense, y su conexión con el endurecimiento del discurso de Donald Trump hacia el gobierno de Claudia Sheinbaum, pueden reconfigurar las prioridades y evaluaciones del público en un contexto de alta polarización y volatilidad geopolítica.

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En este escenario de tensión bilateral, Washington parece priorizar temas de alta visibilidad, especialmente en momentos de presión interna, marcados por denuncias de abusos por parte de ICE y un creciente descontento ciudadano. El “tsunami político criminal” –como se ha descrito– relacionado con los archivos Epstein podría servir para desviar la atención de las controversias internas hacia temas donde el discurso de Trump resuena más con su base electoral.

Se podría argumentar que la Casa Blanca busca reposicionar su imagen, enfatizando atributos de autoridad y firmeza, y utilizando la relación con México como un recurso simbólico para reordenar la atención pública y redefinir los criterios de evaluación ciudadana de cara a las elecciones intermedias.

La administración de Sheinbaum podría enfrentarse a un choque discursivo más directo, dado que la agenda bilateral es inherentemente simbólica y el debate preelectoral en Estados Unidos girará en torno a la seguridad hemisférica, utilizada como herramienta de negociación.

Si los escándalos domésticos continúan escalando, Washington podría intensificar la presión sobre México, utilizando el ámbito político criminal como un espacio narrativo para obtener réditos.

En definitiva, la incertidumbre parece ser la constante, obligando a ajustes defensivos en la cooperación bilateral. ¿Se está utilizando la securitización del vecino para sobrevivir al escándalo?




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