Un titular llamativo podría sugerir que “quienes consumen carne tienen más probabilidades de alcanzar los 100 años”. Pero, ¿implica esto que una dieta vegetariana “acorta la vida”? No necesariamente.
Un estudio publicado en The American Journal of Clinical Nutrition analizó datos de 5.203 personas chinas de 80 años o más (con seguimiento hasta 2018) dentro del Chinese Longitudinal Healthy Longevity Survey, un extenso proyecto iniciado en 1998. En este análisis, los investigadores compararon a individuos con una dieta omnívora con diferentes grupos vegetarianos (incluyendo veganos, ovo-lacto vegetarianos y aquellos que consumen pescado).
Hallazgos del estudio sobre vegetarianismo y longevidad extrema
Los autores identificaron 1.459 centenarios y los compararon con 3.744 personas que fallecieron antes de cumplir los 100 años. En general, el grupo vegetariano mostró una menor probabilidad relativa de alcanzar la edad de cien años en comparación con los omnívoros (una asociación estadística, no una relación de causa y efecto).
Es importante entender el “lenguaje” de los estudios científicos: utilizan el término odds ratio (OR). Un OR inferior a 1 indica que, en ese grupo y con esos datos, era menos común llegar a los 100 años en comparación con el grupo de referencia. No se trata de una sentencia individual, ni significa que “comer X te hará vivir Y años”.
El factor peso: cuando el problema es la falta de nutrientes
Un detalle crucial es que esta asociación se observó principalmente en personas con bajo peso (IMC inferior a 18,5). En personas con un IMC igual o superior a 18,5, esta diferencia no fue significativa. En otras palabras, el estudio no sugiere que “ser vegetariano” sea el problema en sí, sino que en edades muy avanzadas el riesgo de desnutrición, pérdida de masa muscular y fragilidad es un factor determinante.
Esto coincide con una realidad común: a partir de cierta edad, algunas personas comen menos, pierden el apetito o se sacian rápidamente. Cada bocado se vuelve importante. Por ello, asegurar una ingesta adecuada de proteínas pasa de ser una recomendación general a una prioridad. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) establece una ingesta de referencia de 0,83 g de proteína por kilogramo de peso corporal y día para adultos, incluyendo a los mayores.
Salud y sostenibilidad: evitando la polarización
En el ámbito de la ecología y la alimentación, existe una tensión constante: lo sostenible a menudo impulsa un mayor consumo de alimentos vegetales, pero las necesidades de salud varían según la edad. El propio IPCC subraya que las dietas “equilibradas y diversas” son fundamentales en el debate sobre sostenibilidad y seguridad alimentaria.
¿Qué conclusión podemos extraer de esta noticia? Una idea simple: en la vejez extrema, el objetivo principal debe ser prevenir el deterioro y la desnutrición, más que “optimizar” la salud a largo plazo. Una dieta basada en plantas puede seguir siendo una opción válida, pero podría requerir una planificación más cuidadosa (y, en algunos casos, la inclusión de fuentes animales específicas como pescado, lácteos o huevos, tal como sugiere el patrón observado en el estudio).
El estudio científico ha sido publicado en PubMed.
