Un creciente cansancio y angustia definen el estado emocional de muchos argentinos. El caso de Daniela, de 45 años, con dos empleos, un hijo de 10 años a su cargo y una creciente deuda agravada por altas tasas de interés, es representativo de una situación que se extiende por todo el país. A principios de 2025, ante la pérdida de poder adquisitivo de su salario como trabajadora social estatal frente al aumento generalizado de los precios, Daniela recurrió a préstamos bancarios para cubrir gastos básicos como alquiler, alimentación y transporte. “Tengo cuatro créditos que vencan en julio, pero tuve que solicitar uno adicional para cubrir el saldo de la tarjeta de crédito, que acumulaba una deuda considerable con intereses muy altos”, relata, consciente de que se trata de una práctica financiera perjudicial, pero sin encontrar otra alternativa viable. “Entro en un ciclo de créditos para pagar créditos, una espiral que parece no tener fin”, afirma.
La situación de Daniela no es aislada. Datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) revelan que casi la mitad de los hogares argentinos (48%) no logran cubrir sus gastos mensuales, y de este grupo, el 25% se ve obligado a solicitar dinero a familiares, amigos o entidades financieras. Esta dificultad se agrava con un aumento en la morosidad: en noviembre pasado, la tasa de morosidad de los préstamos a familias alcanzó el 8,8%, triplicándose en un año y situándose en su nivel más alto desde 2010. Los préstamos personales, generalmente destinados al consumo, presentan la mayor irregularidad en los pagos (12%), superando significativamente a los créditos hipotecarios o para la compra de bienes durables, que no alcanzan el 5%.
“Considero que el sobreendeudamiento familiar es el principal problema social de Argentina”, afirma Daniel Arroyo, exministro de Desarrollo Social de la Nación. Según su análisis, este fenómeno responde a tres factores principales: el aumento de los costos fijos –servicios como luz, gas y agua–, que dejan a las familias sin recursos a pocos días de recibir sus facturas; el incremento en el precio de los medicamentos, cuya cobertura estatal se redujo durante la gestión de Milei; y el costo de los alimentos.
“Las personas primero pagan el mínimo de la tarjeta de crédito, luego recurren a financieras locales, y en los barrios más vulnerables, incluso a prestamistas informales con disponibilidad de efectivo, terminando por acceder a créditos con tasas de interés que pueden llegar hasta el 500% anual”, explica Arroyo. Un relevamiento realizado por su equipo indica que el 80% de las personas endeudadas desconoce el monto total de sus deudas, limitándose a saber a quién debe dinero y cuánto debe conseguir para cubrir los vencimientos más urgentes. Esta situación lleva a un aumento en la carga laboral, con personas que combinan su empleo habitual con trabajos por cuenta propia en aplicaciones como Uber o Rappi, generando un estado de implosión social. “En Argentina no se observa una conflictividad social abierta, pero la gente sufre en silencio, con altos niveles de estrés, preocupación y tensión constante”, agrega.
Cecilia Montenegro, de 57 años, confirma esta realidad. Desde principios de 2023 acumula deudas con proveedores de servicios básicos y con amigos que la han asistido. El detonante fue la eliminación abrupta de una asignación estatal que percibía mensualmente por su hijo menor, debido a una supuesta incompatibilidad con el trabajo del padre, quien no participa en la crianza del niño. “Una vez que se comienza a endeudarse, es muy difícil salir de esa situación”, señala.
Los créditos fuera del sistema bancario tradicional están ganando protagonismo. Entre marzo de 2024 y noviembre de 2025, el nivel de estos créditos aumentó un 140%, superando en un 20,5% el máximo anterior registrado en febrero de 2018. “Este tipo de crédito se caracteriza por tasas más elevadas, plazos más cortos y una mayor tasa de morosidad: una de cada cinco personas no cumple con los pagos a tiempo”, detalla la economista Marina Dal Poggetto.
Según un informe de Eco Go, la consultora dirigida por Dal Poggetto, el endeudamiento de los hogares con entidades no bancarias equivale a un tercio de la masa salarial mensual. Sin embargo, si se excluyen los asalariados formales y se considera únicamente la masa salarial de los trabajadores independientes y no registrados, el crédito no bancario representa un porcentaje aún mayor, equivalente al 140% de la masa salarial.
El endeudamiento se agrava especialmente entre los jóvenes. Un informe del Banco Provincia revela que el acceso al crédito para personas entre 18 y 21 años se duplicó en los últimos 12 meses, y que una proporción significativa de ellos ingresó primero al registro de deudores antes de obtener su primer empleo formal. Esto se explica, en parte, por la facilidad de acceso a los préstamos a través de aplicaciones móviles, que no requieren la presentación de documentación exhaustiva ni la evaluación de la capacidad de pago. Esta situación se combina con el crecimiento de las apuestas online en la juventud, que demanda disponibilidad de fondos.
La justicia ha comenzado a responder a este problema. En junio pasado, la Cámara Nacional en lo Comercial de la Ciudad de Buenos Aires falló a favor de una mujer de 80 años que se había sobreendeudado con préstamos personales para cubrir sus necesidades básicas, ordenando la anulación de los contratos de crédito y la indemnización a las empresas involucradas por su “comportamiento desaprensivo, abusivo e ilegítimo” contra una consumidora considerada “hipervulnerable”. Asimismo, la política pública puede desempeñar un papel importante. En 2024, Luiz Inácio Lula da Silva impulsó en Brasil una norma en el marco del plan “Desenrola Brasil” que establece un límite a los intereses de las tarjetas de crédito, que no pueden superar el 100% del valor de la deuda.
