El café es una parte esencial de la rutina diaria de millones de personas en todo el mundo. Para muchos, es el ritual imprescindible con el que comienza el día. Sin embargo, más allá de su efecto estimulante, la ciencia ha investigado durante años sus efectos en la salud, generando un debate continuo en la comunidad médica. Este debate se alimenta, entre otras cosas, de hallazgos que sugieren que los consumidores de café presentan una mayor diversidad en su microbiota intestinal, y que su consumo podría incluso proteger contra infartos.
Un reciente estudio de la Universidad de Harvard ha aportado datos relevantes sobre la relación entre el consumo de café y la protección frente a enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer. Los resultados, publicados en la revista científica JAMA, indican que beber entre dos y tres tazas de café con cafeína al día se asocia con un menor riesgo de desarrollar demencia. En el caso del té, se sugiere un consumo de una a dos tazas diarias.
Un estudio a largo plazo con más de 130.000 participantes
La investigación analizó datos de 131.821 participantes de los estudios Nurses’ Health Study y Health Professionals Follow-up Study, dos de los estudios epidemiológicos más extensos y prolongados que existen. El seguimiento se extendió hasta por 43 años, lo que permitió observar la evolución de la salud cognitiva de los participantes a largo plazo.
Durante este período, se registraron 11.033 casos de demencia. Al comparar los datos, los investigadores observaron que aquellos que consumían mayores cantidades de café con cafeína presentaban un riesgo significativamente menor de desarrollar la enfermedad. Específicamente, en el grupo con mayor consumo de café con cafeína (aproximadamente 300 miligramos al día), se detectaron 141 casos de demencia por cada 100.000 personas, en comparación con los 330 casos observados en el grupo con menor consumo. Esto representa una reducción del riesgo del 18%.
Es importante destacar que un consumo mayor a este no implica un beneficio adicional, y que el efecto protector se observa únicamente con el café que contiene cafeína, no con el descafeinado. Para alcanzar los 300 miligramos de café necesarios para obtener estos beneficios, se pueden consumir tres cafés americanos, tres o cuatro espressos, o cuatro o cinco cápsulas de café.
Daniel Wang, científico asociado de la División Channing de Medicina de Red del Mass General Brigham y profesor asistente en la Facultad de Medicina de Harvard, explicó que la investigación surgió de la búsqueda de herramientas para la prevención de la demencia. Consideraron que el café, por ser una bebida tan común, podría ser una intervención dietética prometedora, y el acceso a datos de alta calidad recopilados a lo largo de más de 40 años les permitió explorar esta idea.
Los resultados más notables se observaron en aquellos que consumían de dos a tres tazas de café con cafeína o de una a dos tazas de té al día. Estas personas no solo mostraron un menor riesgo de desarrollar demencia, sino que también reportaron menos problemas de memoria y concentración durante las evaluaciones realizadas a lo largo del estudio. Las mujeres que participaron en el Nurses’ Health Study mostraron una ligera mejora en las pruebas de memoria y razonamiento, aunque estas diferencias se atenuaron al considerar el rendimiento cognitivo global.
El café descafeinado no ofrece los mismos beneficios
Un hallazgo relevante es que el café descafeinado no mostró los mismos beneficios, lo que sugiere que la cafeína es el componente activo responsable de los efectos neuroprotectores observados. El té también mostró resultados positivos similares, lo que refuerza la hipótesis de que la cafeína juega un papel importante en la protección cognitiva.
Yu Zhang, estudiante de doctorado en Harvard Chan School y coautor principal del estudio, señaló que los efectos se observaron independientemente de la predisposición genética: «También comparamos a personas con diferentes predisposiciones genéticas a desarrollar demencia y vimos los mismos resultados, lo que significa que el café o la cafeína probablemente sean igualmente beneficiosos para las personas con alto y bajo riesgo genético de desarrollar demencia».
Tanto el café como el té contienen compuestos bioactivos, como polifenoles y cafeína, que en investigaciones previas han demostrado tener capacidades neuroprotectoras. Estos componentes pueden ayudar a reducir la inflamación y el daño celular, factores asociados al deterioro cognitivo.
A pesar de los resultados prometedores, los investigadores insisten en la importancia de la cautela. Wang recordó que la magnitud del efecto es modesta y que existen muchas otras formas de proteger la función cognitiva a medida que envejecemos. El estudio sugiere que el consumo de café o té con cafeína podría ser un componente más de un enfoque integral.
Como siempre ocurre en temas de alimentación y salud, ningún alimento o bebida por sí solo puede prevenir enfermedades. Mantener un estilo de vida saludable que incluya una dieta equilibrada, ejercicio regular, control del estrés y un buen descanso nocturno sigue siendo fundamental para proteger la salud cerebral a largo plazo.
Fotografías | karlyukav, KamranAydinov, Freepik,
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