El asesor del presidente ruso y figura central en las instituciones de seguridad de Rusia, Nikolái Patrushev, ha advertido que cualquier intento de restringir el comercio marítimo ruso podría provocar una respuesta de la Armada rusa. Sus declaraciones se producen en un contexto de intensificación de las operaciones de vigilancia marítima en la región del Báltico por parte de países europeos, en el marco de los esfuerzos de la OTAN para combatir lo que denomina el “flotilla sombra” rusa utilizada para la exportación de energía en medio de las sanciones.
Según informa “Militarnyj”, Patrushev rechazó la idea de una “flotilla sombra” como una ficción legal, argumentando que la detención de buques sospechosos de eludir las sanciones constituye una violación del derecho internacional. El alto funcionario ruso también insinuó que podrían tomarse medidas contra buques que naveguen bajo bandera europea, aunque no especificó cuáles.
Patrushev describió la situación de seguridad en el Mar Báltico como “compleja” y acusó a la OTAN de crear, según sus palabras, un grupo militar ofensivo cerca de las fronteras rusas. Al mismo tiempo, reconoció que la Armada rusa se encuentra bajo una importante presión operativa debido a sus continuas tareas de protección del comercio marítimo.
Estas declaraciones coinciden con el endurecimiento de la supervisión, por parte de varios países europeos, de los petroleros vinculados a esquemas de evasión de sanciones, tal y como señala “Defence Blog”. Estos buques, que a menudo operan sin los sistemas estándar de seguro o certificación, están recibiendo una atención cada vez mayor por parte de los miembros de la OTAN que buscan limitar los ingresos de Rusia procedentes de la energía.
Funcionarios occidentales consideran estas medidas contra los buques como un mecanismo de presión financiera destinado a reducir la capacidad de Moscú para financiar operaciones militares. Las inspecciones e iniciativas de vigilancia marítima se han extendido por toda la zona marítima del norte de Europa, incluido el Mar Báltico, donde los estados miembros de la OTAN llevan a cabo una intensa actividad de vigilancia naval y aérea.
Aunque las declaraciones de Patrushev no mencionaron ningún incidente u operación específica, representan una de las advertencias públicas más claras de un alto cargo ruso que vincula la aplicación de las sanciones en el mar con posibles consecuencias militares. Esta retórica coincide con las recientes declaraciones de gobiernos regionales que enfatizan su preparación para responder a cualquier acto de agresión.
Desde el inicio de la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia, el Mar Báltico ha recuperado su importancia estratégica, y la OTAN ha ampliado el patrullaje, el intercambio de inteligencia y la coordinación marítima entre los estados miembros que bordean esta región. El aumento de la actividad naval, la aplicación de sanciones y los requisitos legales contrapuestos en relación con las operaciones marítimas han convertido a esta zona en un punto de fricción que, según “Defence Blog”, aún no ha llegado a un conflicto abierto.
