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El consumo excesivo de azúcar puede afectar negativamente los niveles de grasa en la sangre y provocar daños en la pared interna de las arterias. La combinación de estos dos factores aumenta considerablemente el riesgo de sufrir un ataque al corazón.
Las bebidas gaseosas, las salsas preparadas, los productos enlatados y las carnes procesadas pueden representar una parte significativa de la ingesta diaria de sal y azúcar.
