A pesar de que ya ha pasado más de un año desde su paso por nuestro sistema solar, el cometa 3I/Atlas sigue generando debate y fascinación en la comunidad científica. Tanto es así, que un equipo de investigadores ha propuesto un ambicioso plan para alcanzarlo con una nave espacial. Pero, ¿cómo dar alcance a un objeto que se desplaza a una velocidad de 60 kilómetros por segundo?
La respuesta podría estar en un concepto propuesto en 1929 por el científico austro-húngaro Hermann Julius Oberth, antes de su colaboración con los nazis. El “efecto Oberth” es un principio fundamental de la astronáutica que establece que un cohete obtiene un mayor impulso energético al encender sus motores a gran velocidad, especialmente al caer en un pozo gravitacional. Por ello, es más eficiente quemar combustible en el punto de máxima rapidez de la órbita, como en el perihelio, cuando la nave se acerca al Sol y su gravedad la acelera, ya que cada kilogramo de propelente produce un mayor aumento de energía orbital, permitiendo alcanzar destinos más lejanos o escapar con mayor velocidad.
“Prácticamente todos los lanzamientos utilizan el efecto Oberth”, afirmó Thomas Marshall Eubanks a Space.com. “Por eso, misiones como Artemis II realizan sus encendidos de inyección translunar en el perigeo, no en el apogeo. Esa es una maniobra de Oberth. Sin embargo, no he encontrado ningún registro de una maniobra de Oberth directa del tipo que proponemos, que consiste en un gran encendido de cohete en la aproximación más cercana durante un sobrevuelo”.
Eubanks, un excientífico de la NASA que actualmente es científico jefe de Space Initiatives Inc., publicó un estudio en el que él y sus colaboradores (Adam Hibberd y Andreas Hein) proponen utilizar el Sol y su efecto Oberth para alcanzar el cometa 3I/Atlas. Según sus cálculos, si la nave se lanzara en 2035, podría alcanzar el cometa antes del año 2085, a una distancia de 732 unidades astronómicas (UA) del Sol. Recordemos que una unidad astronómica es la distancia entre la Tierra y el Sol. A modo de referencia, la sonda espacial Voyager 1 se encuentra a 171 UA de nuestro planeta, una distancia que le tomó casi 50 años de viaje. La nave del doctor Eubanks se propone recorrer cuatro veces esa distancia en el mismo período de tiempo. ¿Cómo? Con la maniobra Solar Oberth (SOM).
Tras su lanzamiento desde la Tierra en 2035, la nave realizaría una asistencia gravitatoria con Júpiter, lo que le permitiría anular gran parte de la velocidad orbital terrestre y “caer” hacia el Sol con un perihelio extremadamente bajo. En el punto más cercano, a apenas 3.2 radios solares del centro del Sol, la nave encendería sus motores y aplicaría un impulso (un delta-V) de unos 8.36 kilómetros por segundo. Esta maniobra la catapultaría hacia el exterior del Sistema Solar con la energía necesaria para alcanzar el cometa en 35 a 50 años.
¿Vale la pena?
Esta propuesta plantea varias interrogantes, tanto prácticas como filosóficas. Por ejemplo, ¿puede una nave acercarse tanto al Sol sin desintegrarse por el calor? Existe el precedente de la Sonda Solar Parker, que alcanzó su punto más cercano al Sol el 24 de diciembre de 2024 a una distancia de 6.1 millones de kilómetros de la superficie solar, es decir, 0.04 UA. Para realizar una maniobra Solar Oberth, la nave de Eubanks y sus colegas tendría que acercarse aún más, a 3.2 radios solares del centro del Sol, o poco más de 0.015 UA. La Sonda Solar Parker contaba con un escudo térmico de compuesto de carbono que le permitió sobrevivir en la corona solar a temperaturas de hasta 1,400 grados Celsius. El escudo térmico del estudio tendría que estar fabricado con el mismo material, pero con capas adicionales de aerogel para aislarlo aún más del calor del sol.
La otra gran pregunta es más sencilla: ¿valdría la pena emprender una misión de tal magnitud? Si bien el proyecto no es imposible, se trata de una misión intergeneracional que, en el mejor de los casos, nos ofrecería un breve vistazo al cometa debido a su velocidad. El proyecto parece tener más valor por la velocidad y distancia que esta nave podría alcanzar en el espacio interestelar, que por el estudio del cometa en sí. Incluso podría abrir la puerta a acercarse a objetos transneptunianos. Si se confirma la existencia del “Planeta 9”, este sería un objetivo más accesible para una sonda impulsada por la maniobra Solar Oberth.
Además, es probable que nuevos instrumentos, como el Observatorio Vera C. Rubin en Chile, ofrezcan más oportunidades que nunca para detectar otros objetos interestelares que visiten nuestro sistema solar, e incluso para emprender misiones más rápidas y menos arriesgadas a objetos con trayectorias más favorables.
