Friedrich Merz se prepara meticulosamente para su visita a China: reuniones con expertos, estudio de documentos y conversaciones telefónicas con líderes empresariales. Este viaje, que tiene lugar aproximadamente diez meses después de asumir el cargo, es uno de los más importantes de su mandato hasta la fecha. El canciller es consciente de la delicada situación, ya que partirá el martes hacia un país que representa un mercado clave para las empresas alemanas y que, además, posee una posición de influencia en temas como el suministro de tierras raras.
Sin embargo, la economía alemana también se enfrenta a importantes obstáculos impuestos por Pekín. La inundación del mercado mundial con productos de bajo costo y el papel de China en la guerra de Ucrania son motivos de preocupación. China es el segundo socio comercial más importante de Alemania, después de Estados Unidos, pero el déficit comercial es considerable. En 2025, las importaciones de China superaron en unos 90 mil millones de euros el valor de las exportaciones alemanas, lo que representa una gran disparidad.
¿Qué espera lograr Merz con esta breve visita? El jefe del gobierno de la CDU ha señalado en el congreso del partido una línea pragmática: Alemania necesita relaciones económicas en todo el mundo, incluyendo China. No obstante, también ha dejado claro que el liderazgo chino tiene una concepción diferente de la libertad de expresión, religiosa y de prensa. Por lo tanto, el lema de este viaje es un enfoque seguro pero conciliador.
Merz teme que Europa pueda verse atrapada entre las grandes potencias. El viaje también tiene como objetivo evitar esta situación. El éxito de su cancillería depende de una recuperación económica sostenible. En un escenario de caos arancelario impulsado por las políticas de Donald Trump, mantener buenas relaciones con China podría ser muy valioso. Sin embargo, los tiempos en que se intercambiaban pandas como símbolo de amistad han quedado atrás.
