Manila, 24 de febrero de 2026 (Agencia Fides) – Al conmemorarse el 40 aniversario de la revolución popular de EDSA (23-25 de febrero de 1986), el jesuita Albert Alejo, antropólogo y profesor de la Universidad Pontificia Gregoriana y la Universidad Ateneo de Manila, advierte que el sistema educativo filipino no ha logrado comprender plenamente el espíritu de este movimiento. Según el padre Alejo, los libros de texto no ofrecen una explicación exhaustiva de lo ocurrido durante la dictadura de Ferdinand Marcos Sr., omitiendo la violencia y las graves violaciones de los derechos humanos que tuvieron lugar.
Edsa Archive
En 1986, más de dos millones de personas se manifestaron pacíficamente en la avenida Epifanio de Los Santos para exigir la renuncia del dictador Marcos, quien finalmente huyó del país, poniendo fin al régimen sin derramamiento de sangre. El padre Alejo describe este evento como un momento glorioso, una bendición, una promesa y un desafío que abrió una nueva fase en la historia del país y permitió la redacción de una nueva Constitución en 1987, con un carácter y una visión más democráticos, que brindó espacio a la sociedad civil.
Sin embargo, el jesuita señala que, si bien se iniciaron reformas en ese momento, muchas no se concretaron plenamente en los años siguientes. Persiste el “capitalismo de compadrazgo”, se han multiplicado las dinastías políticas y han surgido dinastías regionales. Además, el sistema educativo no ha sabido integrar el espíritu de EDSA en los planes de estudio, lo que ha llevado a que las nuevas generaciones consideren que el período de la dictadura no fue tan negativo.
“Se puede decir que ha habido una negligencia, una falta de atención en la perpetuación del espíritu de este compromiso y, por lo tanto, un fracaso”, afirma el padre Alejo, destacando que los esfuerzos por el “revisionismo histórico” para borrar el pasado oscuro de Filipinas de la narrativa nacional parecen haber tenido cierto éxito.
El padre Alejo recuerda que, en aquel momento, la Iglesia católica estuvo a la vanguardia en la defensa y promoción de la dignidad humana en todos los niveles. “Hoy, el espíritu de EDSA implica un desafío y una responsabilidad. Existe una nueva oportunidad para toda la nación, y la Iglesia católica, que sigue siendo una brújula moral, también tiene una gran responsabilidad”, subraya.
Finalmente, el padre Alejo concluye que el movimiento anticorrupción que surgió el año pasado en Filipinas, a raíz de los escándalos relacionados con proyectos de prevención de desastres naturales financiados pero nunca realizados, está vinculado a esta situación y nos llama a combatir al verdadero enemigo: la negligencia y la indiferencia. “Es hora de asumir nuestras responsabilidades y cada católico, toda la comunidad cristiana, tiene un papel crucial que desempeñar”, enfatiza.
(PA) (Agencia Fides 24/2/2026)
