Hace pocos días, Viktor Orbán advirtió sobre posibles ataques ucranianos y envió al ejército a proteger instalaciones energéticas en Hungría. ¿Qué se esconde detrás de esta decisión? ¿El temor a perder las elecciones en abril?
Hasta hace poco, la confianza del primer ministro húngaro, Viktor Orbán, era inquebrantable. Su partido, Fidesz, era, según repetía en casi todos sus discursos, la comunidad política más exitosa de Europa. Sus victorias electorales con dos tercios de la mayoría podían «verse incluso desde la luna». Orbán también había anunciado ambiciones de gobernar mucho después del final de la década.
Sin embargo, en sus apariciones públicas, el primer ministro húngaro a menudo transmite una impresión de inseguridad. A veces habla de forma inconexa, tartamudea e incluso suplica a sus seguidores que se dediquen por completo a su campaña electoral con voz temblorosa. Después de 16 años en el cargo, Orbán parece un autócrata envejecido que siente que el ambiente está cambiando en su contra, pero no quiere perder el poder.
Seis semanas antes de las elecciones parlamentarias en Hungría, que se celebrarán el 12 de abril, aún no está del todo claro si Orbán y Fidesz perderán el poder. No obstante, los resultados de las encuestas apuntan en esa dirección. Al mismo tiempo, cada vez más observadores se preguntan si Orbán aceptaría una eventual derrota electoral. Hasta ahora, no ha dado una respuesta clara a la pregunta de si garantizará una transición democrática del poder.
Acusaciones contra Ucrania
Más aún: ahora Orbán incluso alimenta los temores de que no aceptará un cambio de gobierno. Anunció que ha dado la orden de desplegar unidades militares húngaras en las instalaciones energéticas del país y acusó a Ucrania de «preparar acciones destinadas a interrumpir el funcionamiento del sistema energético húngaro». No se nombraron pruebas concretas de las acusaciones, pero junto con los soldados en las instalaciones energéticas también se posicionarán sistemas de defensa militar y unidades policiales.
El trasfondo de esta medida es que Hungría no recibe combustible ruso a través del oleoducto Druzhba desde finales de enero. Este oleoducto atraviesa territorio ucraniano y sufrió graves daños en enero durante un ataque ruso. No hay datos precisos sobre la magnitud de los daños, pero las autoridades ucranianas afirman que la reparación del oleoducto llevará mucho tiempo.
Orbán, por su parte, acusa a Ucrania de haber interrumpido deliberadamente el suministro de petróleo a Hungría para provocar una crisis energética en el país y «instalar un gobierno que apoye la guerra y a Ucrania» en las elecciones. El objetivo de dicho gobierno, según se afirma en la actual campaña electoral de Orbán, sería exprimir financieramente al pueblo húngaro para proporcionar fondos para la guerra en Ucrania.
«Tisa» lidera con convicción
Los políticos de la oposición húngara y numerosos comentaristas se han alarmado. Ven en la orden de Orbán de desplegar unidades militares un paso que podría obstaculizar las elecciones o incluso cancelarlas. Esto se debe a que, solo unas horas antes del anuncio, se publicaron los resultados de una nueva encuesta que predice una dura derrota electoral para Orbán y su partido.
La encuesta fue realizada por el instituto independiente de investigación de opinión pública Median y prevé una ventaja de 11 puntos porcentuales para el partido de la oposición «Tisa» sobre Fidesz de Orbán.
Tras el anuncio de la orden de Orbán, el líder de la oposición húngara, Péter Magyar, advirtió sobre la posibilidad de organizar ataques escenificados que el gobierno podría utilizar como pretexto para impedir o cancelar las elecciones. Instó a Orbán a «entregar el poder pacíficamente» y «a no considerar soluciones relacionadas con los servicios secretos rusos». «No sabemos de qué es capaz Fidesz en una situación tan tensa», comentó el politólogo András Bíró-Nagy al respecto.
Las amenazas que lanza Orbán
Los observadores electorales en Hungría llevan mucho tiempo debatiendo si el primer ministro aceptaría un cambio de gobierno o no. Esto se debe a que la obsesión de Orbán por el poder es conocida en el país desde hace décadas. En 2002, comentó su derrota electoral con las palabras: «La patria no puede estar en la oposición».
Desde entonces, Orbán y su partido se consideran los únicos representantes legítimos de la nación húngara, mientras que todos los demás son enemigos o traidores. Este es el tono de la actual campaña electoral, en la que Magyar, el competidor de Orbán, se presenta como un sirviente de Kiev y Bruselas, cuya victoria conduciría a la ruina de la nación húngara.
«El sistema de cooperación nacional»
Sin embargo, en términos materiales, lo que está en juego para Orbán también es extremadamente alto. El primer ministro ha construido un sistema en el que un círculo de familiares y empresarios cercanos se ha enriquecido enormemente a través del abuso de poder y la corrupción. En este sistema, decenas de miles de miembros y simpatizantes de Fidesz de menor rango también se benefician de los puestos y las ventajas.
Si se produce un cambio de gobierno, este «Sistema de cooperación nacional», como lo llama Orbán, se derrumbaría en gran medida. Tanto el primer ministro como los miembros de su familia y su círculo cercano pueden esperar investigaciones y acusaciones, según informó «Deutsche Welle».
Por ello, en el contexto de las elecciones, «nada está descartado y nada es impensable», afirma el politólogo Róbert László a DW. Según él, no es descabellado que el gobierno de Orbán anule las elecciones. Añade que también podrían producirse disturbios a nivel nacional si se anulan las elecciones que reflejen la voluntad popular.
Apoyo de Moscú
El politólogo ucraniano Anton Shekhovtsov también admite que es posible la anulación de las elecciones. Orbán no podría permitirse falsificaciones electorales directas como en Rusia o Bielorrusia, pero en Hungría hay indicios de un escenario en el que las elecciones podrían ser anuladas por «interferencia extranjera», concretamente por una supuesta injerencia de Ucrania.
El politólogo señala que Orbán ha recibido durante mucho tiempo, como mínimo, un apoyo verbal preelectoral del Kremlin y de los servicios secretos rusos. Budapest y Moscú han unido sus fuerzas para imponer a la opinión pública la narrativa desinformativa según la cual «la UE y Ucrania están colaborando contra Fidesz con el principal rival político de Orbán, Péter Magyar», afirma Shekhovtsov.
Mientras tanto, Gergely Gulyás, jefe de gabinete del primer ministro húngaro, se esforzó por disipar los temores relacionados con la tarea encomendada al ejército húngaro. No será necesario un estado de emergencia, las elecciones se celebrarán según lo previsto el 12 de abril, dijo.
