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Ataque a Irán: ¿Qué significa para Rusia?

by Editor de Mundo

La relación entre Rusia e Irán nunca fue una verdadera alianza, pero el ataque actual aún afecta a Moscú.

Moscú observa con preocupación y consternación el conflicto en curso en Irán. Los lazos entre Rusia e Irán han sido cautelosos, complicados y a menudo acrimoniosos. Sin embargo, circunstancias compartidas –aislamiento, sanciones y hostilidad hacia, y desde, Occidente– han acercado a estos dos parias internacionales en los últimos años. No obstante, ni el ayatolá Khamenei, ni el presidente venezolano Maduro, ni el presidente sirio Assad esperaban seriamente que los pragmáticos de Kremlin acudieran en ayuda de Teherán. Aún así, esto representa al menos un inconveniente reputacional para Moscú y un ejemplo que seguramente no se perderá para otros socios rusos a nivel mundial.

A pesar del ambicioso Acuerdo de Asociación Estratégica Integral firmado por Rusia e Irán el año pasado, esta nunca ha sido una relación de confianza, sino más bien una alianza de conveniencia, caracterizada por una cooperación pragmática, limitada y transaccional.

Rusia no desea que Irán adquiera capacidad nuclear, al igual que Israel y Estados Unidos (a pesar del apoyo histórico brindado al desarrollo de las instalaciones nucleares civiles de Irán). De hecho, Moscú fue un actor clave en las negociaciones diplomáticas que condujeron al Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC) en 2015.

Como enfatizó el viceministro de Asuntos Exteriores, Andrey Rudenko, ante la Duma Estatal el año pasado, el Acuerdo de Asociación Estratégica Integral no es un tratado de defensa mutua, lo que implica que no existe la obligación de asistir al otro socio en caso de ataque.

Por lo tanto, era poco probable que, cuando el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Araghchi, conversara con su homólogo ruso, Sergei Lavrov, poco después del estallido de las hostilidades, tuviera alguna expectativa real de algo más que solidaridad política por parte de Moscú.

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Y, de hecho, Rusia cumplió con este apoyo retórico: en una declaración oficial del sábado, el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso criticó los ataques estadounidenses e israelíes como un “acto deliberado, premeditado e injustificado de agresión armada contra un Estado miembro de la ONU soberano e independiente, en violación directa de los principios y normas fundamentales del derecho internacional”, haciendo eco de este mensaje en la reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU más tarde ese mismo día. El presidente Vladimir Putin envió un mensaje de condolencias a su homólogo iraní, condenando el “asesinato” de Khamenei como una “cínica violación de todas las normas de moralidad humana y del derecho internacional”.

La ironía de estas declaraciones mendaces por parte de un gobierno ruso que ha invadido y librado una brutal guerra en Ucrania durante los últimos cuatro años no pasará desapercibida para pocos observadores.

Rusia ha visto a Irán como un posible corredor alternativo, libre de sanciones, de comercio y energía hacia el Océano Índico y el resto del mundo, a través del planificado “Corredor Norte-Sur”. De hecho, las negociaciones sobre un nuevo ferrocarril en el norte de Irán, que representa un eslabón clave que falta en el CNS, estaban a punto de finalizar.

Moscú aseguró el año pasado un contrato de 25.000 millones de dólares para construir cuatro nuevos grandes reactores nucleares civiles en Irán, complementando las instalaciones existentes de Bushehr.

En los últimos años, la cooperación en materia de defensa se ha intensificado. Los drones Shahed 136 suministrados por Irán (ahora fabricados en Tatarstán) han demostrado ser cruciales para Rusia en su guerra en Ucrania. Teherán ha visto a Rusia como una fuente clave de material militar para modernizar su inventario inadecuado y anticuado, especialmente de aviones (con nuevos aviones de combate SU35 (proyectados), aviones de entrenamiento de combate y helicópteros de ataque MI28), pero también de vehículos blindados. Rusia acordó recientemente suministrar armas antiaéreas de corto alcance a Irán.

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Las perspectivas de todos estos planes son ahora, como mínimo, inciertas.

No obstante, Moscú buscará sacar provecho de la situación que se desarrolla en y alrededor de Irán. En particular, mantiene un contacto estrecho con su socio “sin límites”, Beijing, sobre los acontecimientos.

En primer lugar, y de forma más inmediata, Moscú dará la bienvenida al aumento de los precios del petróleo y el gas que inevitablemente causará el conflicto en los mercados energéticos mundiales, especialmente si el Estrecho de Ormuz permanece cerrado al tráfico de petroleros que salen del Golfo. La disminución de los ingresos por petróleo y gas ha presionado seriamente las finanzas del gobierno ruso, ya bajo presión por los altos niveles de gasto en defensa para proseguir la guerra en Ucrania.

En segundo lugar, si bien no desea que la situación se salga de control, Moscú espera que Estados Unidos se vea envuelto en un conflicto costoso (tanto en sangre como en tesoro), que agrave las tensiones políticas y sociales internas y conduzca a una ruptura en las relaciones políticas y de seguridad de Washington con los socios clave de Oriente Medio, brindando oportunidades para que Moscú reconstruya pragmáticamente su influencia, tanto en Irán como en la región en general (como ha estado tratando de hacer con los nuevos gobernantes de Damasco).

Y en tercer lugar, Moscú espera capitalizar las posibles implicaciones negativas del conflicto en Irán para la guerra en Ucrania.

Como mínimo, los acontecimientos en y alrededor de Irán cambiarán el foco de atención, distrayendo la atención política y mediática de Estados Unidos y Europa de Ucrania, aliviando así la presión sobre Moscú. Dependiendo de su duración y éxito, los ataques estadounidenses e israelíes podrían tensar las existencias y la capacidad de producción de municiones clave de Estados Unidos, lo que dificultaría que los partidarios europeos de Kiev compraran material militar muy necesario a Estados Unidos para reponer las fuerzas ucranianas, que sufren grandes pérdidas. Esto, a su vez, podría exponer debilidades defensivas, alentando a Rusia a intensificar las operaciones ofensivas en el este de Ucrania.

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Una evaluación inicial podría interpretar razonablemente los acontecimientos en Irán como un revés para Rusia, tanto a nivel bilateral como reputacional. Pero la realidad es más matizada. Dependan de ello: en estos primeros días, Moscú evaluará pacientemente las oportunidades para avanzar en sus intereses a partir del conflicto en desarrollo.

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Foto: Tasnim News Agency, CC BY 4.0 , via Wikimedia Commons

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