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Cocaína: Cómo altera el cerebro y causa recaídas

by Editora de Salud

Un nuevo estudio científico revela cómo la cocaína modifica el cerebro y aumenta el riesgo de recaídas, incluso después de que la persona haya dejado de consumir la droga. Investigadores de la Universidad Estatal de Michigan han descubierto que esta sustancia altera circuitos cerebrales clave relacionados con la memoria y la recompensa, lo que contribuye a comprender la dificultad de tratar la adicción a la cocaína.

La investigación, publicada en la revista Science Advances, sugiere que el consumo prolongado de cocaína altera el funcionamiento del hipocampo, una región cerebral vinculada a la memoria. Estos cambios provocan que el cerebro mantenga una fuerte motivación por volver a consumir, incluso tras un período de abstinencia.

Según A. J. Robison, profesor de neurociencia y fisiología y autor principal del estudio, la adicción debe entenderse como una enfermedad biológica. “La adicción es una enfermedad en el mismo sentido que el cáncer”, afirma el investigador. “Necesitamos encontrar mejores tratamientos y ayudar a las personas con adicción de la misma manera que buscamos curas para otras enfermedades”.

Investigadores de la Universidad de Michigan (Fuente: Robinson Lab)

La cocaína actúa sobre el sistema de recompensa del cerebro, provocando una liberación intensa de dopamina, un neurotransmisor asociado al placer y la motivación. Este mecanismo hace que el cerebro interprete el consumo como algo positivo, lo que refuerza la conducta y facilita la dependencia.

Aunque las personas que dejan la cocaína no suelen experimentar un síndrome de abstinencia físico tan intenso como con los opiáceos, abandonar el consumo sigue siendo extremadamente complicado. Aproximadamente un 24% de quienes logran dejarla recaen y vuelven a consumir semanalmente, mientras que cerca del 18% regresa a programas de tratamiento en el plazo de un año.

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Una proteína clave detrás de la adicción

Los investigadores identificaron un elemento clave en este proceso: una proteína llamada DeltaFosB, que actúa como un interruptor genético dentro de determinados circuitos cerebrales. El equipo, liderado por Andrew Eagle, utilizó una versión especializada de la tecnología de edición genética CRISPR para analizar cómo funciona esta proteína en el cerebro de ratones expuestos a la cocaína.

Los resultados mostraron que DeltaFosB se acumula en el circuito que conecta el centro de recompensa del cerebro con el hipocampo, el área encargada de procesar recuerdos. Cuanto más tiempo se consume cocaína, mayor es la acumulación de esta proteína, que modifica la actividad de las neuronas y refuerza el impulso de buscar la droga.

“Esta proteína no solo está asociada con los cambios en el cerebro, es necesaria para que ocurran”, explica Eagle. “Sin ella, la cocaína no produce las mismas alteraciones en la actividad cerebral ni genera un impulso tan fuerte de volver a consumir”.

Fuente: Robson Lab

Genes que refuerzan el impulso de consumir

El estudio también identificó otros genes regulados por DeltaFosB tras el consumo crónico de cocaína. Uno de los más relevantes es el gen llamado calreticulina, implicado en la comunicación entre neuronas. Los investigadores comprobaron que este gen contribuye a aumentar la actividad del circuito cerebral relacionado con la búsqueda compulsiva de la droga, lo que refuerza la dependencia y el riesgo de recaída.

Aunque los experimentos se realizaron en modelos animales, los científicos creen que los resultados podrían aplicarse también a humanos, ya que compartimos gran parte de los mismos genes y circuitos cerebrales.

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Nuevas vías para tratar la adicción

Uno de los aspectos más prometedores de este trabajo es que podría abrir la puerta al desarrollo de nuevos tratamientos farmacológicos para la adicción a la cocaína, un problema para el que actualmente no existe ningún medicamento aprobado por la FDA. El equipo de Michigan colabora ahora con investigadores de la Universidad de Texas para desarrollar compuestos capaces de bloquear o regular la actividad de DeltaFosB, impidiendo que esta proteína modifique la expresión genética.

“Si encontramos un compuesto que funcione de la manera adecuada, podría convertirse en un tratamiento para la adicción a la cocaína”, explica Robison. No obstante, los investigadores advierten que este objetivo aún está a años de distancia.

Diferencias biológicas en la adicción

La próxima fase del proyecto investigará cómo influyen las hormonas en estos circuitos cerebrales y si la cocaína afecta de forma distinta al cerebro masculino y femenino. Comprender estas diferencias podría ayudar a explicar por qué el riesgo de desarrollar adicción o recaer no es igual en todos los pacientes, y permitiría diseñar tratamientos más personalizados en el futuro.

El estudio aporta nuevas claves sobre la biología de la dependencia y refuerza la idea de que la adicción no es solo una cuestión de voluntad, sino un proceso profundamente ligado a cambios en el cerebro. Para los científicos, entender estos mecanismos es el primer paso para desarrollar terapias más eficaces contra una de las drogas más difíciles de abandonar.

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