Para muchos dueños de mascotas, la idea de compartir la cama con su compañero animal es atractiva y reconfortante. De hecho, un 41 por ciento de las personas que tienen perros o gatos les permiten dormir en la cama. Sin embargo, esta práctica conlleva ciertos riesgos que es importante considerar.
Desde el punto de vista de la higiene, los gatos, durante su aseo habitual, pierden escamas de piel y partículas de saliva que terminan en la cama y, eventualmente, en el colchón. Cuanto más tiempo pasa la mascota en la cama, mayor es la acumulación de estas escamas y, por lo tanto, mayor el riesgo de reacciones alérgicas. Además, los animales pueden introducir bacterias, pulgas y aumentar la presencia de ácaros del polvo en el lecho.
Pero la higiene no es el único factor a tener en cuenta. Las mascotas que duermen con sus dueños también pueden afectar la calidad del sueño. Tanto perros como gatos son propensos a moverse durante la noche, despertarse y hasta jugar en el dormitorio, interrumpiendo el descanso. Si estos despertares ocurren durante la fase de sueño profundo, la sensación de no haber descansado adecuadamente y la falta de energía al día siguiente pueden ser consecuencias habituales.
