Según datos de la Kaiser Family Foundation, una organización independiente de investigación de políticas de salud con sede en Estados Unidos, el gobierno estadounidense ha firmado más de 20 memorandos de entendimiento con gobiernos africanos. Estos acuerdos, con plazos de implementación que abarcan de 2026 a 2030, implican compromisos totales que se acercan a los 20 mil millones de dólares.
Una parte significativa de estos fondos se espera que provenga de los propios gobiernos africanos, lo que permite a Washington presentar el modelo como una asociación, al tiempo que profundiza la asimetría, la presión fiscal y la dependencia. Al menos 17 países africanos ya han concluido acuerdos similares, muchos de ellos con presupuestos de salud frágiles y escaso poder de negociación.
Estos pactos financian programas contra el VIH/SIDA, la tuberculosis, el Ébola y la malaria, al tiempo que fortalecen los sistemas de vigilancia de enfermedades, la capacidad de laboratorio y la preparación ante brotes.
No obstante, estos acuerdos desplazan el poder de negociación a favor de Washington. Los sistemas públicos de salud africanos podrían convertirse en proveedores iniciales de información biológica, mientras que los beneficios posteriores –propiedad intelectual, fabricación farmacéutica y beneficios comerciales– se concentrarían en los países más ricos.
Lea el artículo de opinión completo aquí.
