En la localidad de Objat, en la región de Corrèze, un Citroën U23 de 1952 está captando la atención de los residentes. Tras la restauración de este vehículo comercial antiguo, un nieto busca honrar la memoria familiar.
En las calles de Objat, en Corrèze, un vehículo utilitario destaca entre los demás. Un antiguo Citroën U23 de la década de 1950, de colour azul de trabajo y perfil cuadrado, exhibe con orgullo letras amarillas de otra época en sus laterales. Los entusiastas de los vehículos clásicos levantan la vista al verlo pasar, intrigados por este camión de venta de frutas y verduras que parece haber recorrido directamente desde la posguerra hasta el centro de la ciudad, según informa La Montagne.
Detrás de este camión de 1952, completamente restaurado, se encuentra Jean-Michel Chouzenoux. Comerciante de Objat y apasionado de los vehículos antiguos, decidió dedicar miles de horas a este proyecto: revivir el camión de trabajo de su abuelo. Un vehículo con casi tres cuartos de siglo de antigüedad, restaurado pacientemente como un homenaje a su abuelo, a quien nunca conoció… y es ahí donde la historia adquiere una nueva dimensión.
En Objat, un Citroën U23 para reavivar la memoria del abuelo
Para Jean-Michel Chouzenoux, este U23 no es simplemente un vehículo de colección. Es el camión que acompañaba las rutas de su abuelo, un vendedor de frutas y verduras en el norte de Corrèze. Resume en una frase la esencia de ese oficio y de esa vida vivida en las carreteras: “Mi abuelo vendía verduras, especialmente guisantes, en el norte de Corrèze, porque allí salían más tarde”, relata, citado por La Montagne. Unas palabras que evocan el terruño, las estaciones y los kilómetros recorridos siguiendo la cosecha.
Jean-Michel Chouzenoux nunca conoció a su abuelo, cuyo nombre era conocido en los mercados de Corrèze. Por ello, este viejo Citroën de 1952 se ha convertido en un vínculo. Un testimonio material, sólido, al que aferrarse para que las historias familiares escuchadas en la infancia no se conviertan en meros recuerdos vagos. Al devolverle la vida al camión, también revive un poco la voz de quien lo conducía, a lo largo de las rutas de verduras y los amaneceres en las carreteras rurales.
Un viejo camión de 1952 restaurado tras más de 2.000 horas de trabajo
Devolverle su esplendor a un vehículo utilitario de época no es una tarea sencilla. Para transformar este U23 de 1952 en un camión de venta de frutas y verduras casi como el original, Jean-Michel Chouzenoux acumuló más de 2.000 horas de trabajo. Noches, fines de semana y mucha paciencia para devolverle una apariencia digna a un vehículo que había estado alejado de los mercados durante mucho tiempo. Un proyecto a largo plazo, llevado a cabo en paralelo a su vida como comerciante, con la imagen de su abuelo al volante siempre presente.
El resultado es evidente al cruzarse con el camión en la ciudad. En los laterales, con letras amarillas grandes, se puede leer: “Primeur Jules Chouzenoux La Chapelle-Saint-Solve”. Un detalle que llama inmediatamente la atención de los transeúntes y que es suficiente para contar parte de la historia. El nombre de pila, el apellido, el pueblo de Corrèze: todo está ahí, plasmado en la chapa, como una tarjeta de visita rodante. En un entorno donde los vehículos utilitarios modernos se parecen cada vez más, este Citroën U23 restaurado aporta un fragmento de memoria a la calzada. Y para quien hoy conduce el camión, cada salida es un poco como un viaje al pasado, siguiendo los pasos de un abuelo al que ha elegido revivir, con el motor encendido.
