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Crisis Global: Deuda, IA y Riesgo Económico

by Editora de Negocio

Los bancos centrales “gastaron” sus herramientas más valiosas a bajo costo justo antes de los conflictos militares, y la burbuja de la IA amenaza con estallar

La probabilidad de que el mundo sea golpeado por una crisis sin precedentes está creciendo, pero será tan diferente a las demás que se asemejará más a un cóctel explosivo de tres capas.

¿Por qué no se parece a las demás? Porque durante las crisis anteriores de 2008 y 2020, los bancos centrales disponían de su conjunto de herramientas habitual: tipos de interés nulos o bajos y una inflación débil. Pero cuando las grandes economías imprimen dinero y no hacen nada para evitar una posible crisis de deuda, tarde o temprano llega el momento de pagar la factura.

Hoy en día, los países ricos –Estados Unidos, Japón, Francia, España, Reino Unido, Italia– “viven muy por encima de sus posibilidades de una manera que no puede durar indefinidamente sin provocar una crisis”, advierte un análisis de The Economist. Es cuestión de tiempo saber quién aguantará más. “Estados Unidos está en tiempos ‘muy, muy oscuros’ con una deuda federal récord, profundas divisiones políticas y una creciente tensión geopolítica”, predijo recientemente Ray Dalio, fundador del mayor fondo de cobertura del mundo, Bridgewater. Muchos lo llaman el Oráculo de Delfos debido a su precisa predicción de las circunstancias que rodearían la crisis financiera de 2008.

A diferencia de entonces, ahora cree que Estados Unidos se ha precipitado hacia una espiral que conduce a la muerte por deuda: “Este es el punto del ciclo en el que el deudor tiene que pedir prestado para pagar su deuda, y cada vez más rápido: todo el mundo se da cuenta de esto y ya no quiere poseer estos valores”.

Esta es la primera gran diferencia en comparación con las crisis anteriores de 1929, 1987, 2000 y 2008. En ellas, las causas del shock se debieron a “enfermedades” del sector privado, pero ahora, por primera vez, la causa podría ser la avalancha de deuda pública.

Por eso Dalio señala que “la próxima crisis financiera podría comenzar no en Wall Street, sino en Washington, cuando el mercado de bonos plantee la pregunta de hasta dónde pueden financiarse los gobiernos a esta escala”. El gasto anual en intereses de la deuda estadounidense ya supera el billón de dólares, “devorando” un sin precedentes 17% del gasto federal anual. Para los responsables de los presupuestos es evidente que este porcentaje distorsiona toda la estructura, privando a la hacienda de su flexibilidad habitual.

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Según Dalio, en esta situación, la Casa Blanca no tiene más remedio que emitir un nuevo préstamo a corto plazo con tipos de interés crecientes.

Desafortunadamente, Estados Unidos, con su deuda del 122% de su producto interno bruto, no está solo en este “caldero infernal”. Por delante están Japón, con un 230% del PIB, Italia, con un 137%, y cerca de ellos Francia, con un 115%, España con un 101% y Reino Unido con un 95%.

En este sentido, Alemania, con su 62%, parece estar en mejor forma, aunque los costosos costes de la energía han aumentado los costes de producción alemanes y la industria automotriz está teniendo dificultades para resistir la presión de la competencia china y los golpes bajos de Estados Unidos. Y dado que este país europeo es quizás nuestro socio más importante, con cerca del 15-16% de toda nuestra exportación, y el intercambio comercial supera regularmente los 12.000 millones de euros, es crucial para Bulgaria que no “estornude”.

En este sentido, si comparamos a Bulgaria con los demás países endeudados, parece un modelo a seguir con una deuda del 26% del PIB. Por otro lado, Eurostat la ha señalado como uno de los países con el ritmo de crecimiento más rápido de su deuda. O, volviendo al tema principal, la pregunta es si los bancos centrales pueden seguir estando en su zona de confort, imprimiendo dinero y emitiendo deuda. Sí, pero como no hay comida gratis en la economía, el precio aumenta.

Por ejemplo, el gobierno estadounidense paga 11.000 millones de dólares semanales solo por el servicio de la deuda, o el 15% de todo el gasto federal para 2026. Así, el problema se suma al déficit de 1,83 billones de dólares para 2024 y 1,9 billones para 2025. Como la mayoría de los inversores no “desayunan con clavos”, están perdiendo gradualmente la confianza en la capacidad de los gobiernos para pagar sus bonos. Los bancos centrales, incluido el chino, están redirigiendo cada vez más sus reservas, vendiendo deuda del Tesoro estadounidense y comprando oro. Por eso su valor se disparó un 65% al alza en 2025, dejando muy atrás al S&P 500 con su 18%. En otras palabras, los mercados han pronunciado su dura sentencia, que es la desconfianza en el conjunto de herramientas habituales de los estados y los bancos centrales.

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Los que tienen buena memoria recuerdan que esto no era así durante la pandemia. El mundo la superó sin grandes sobresaltos gracias a la emisión de deuda y la impresión de billetes, pero ahora tales movimientos son mucho más difíciles de llevar a cabo. La razón es que la creciente incertidumbre y los conflictos militares sucesivos no permiten ni a Estados Unidos ni a la UE ni a los demás países imponer reformas estrictas de austeridad.

La segunda gran diferencia con las crisis anteriores es que ni durante la Gran Depresión ni en 2008 hubo una “burbuja tecnológica global” similar.

El economista de Harvard Jason Furman calcula que la inversión en infraestructura relacionada con la inteligencia artificial representa el 92% del crecimiento del PIB de Estados Unidos solo en los primeros seis meses de 2025. El gran problema es que, a pesar de las inversiones sin precedentes, los gigantes de la informática no están proporcionando a sus accionistas los beneficios esperados. Según los analistas, OpenAI está valorada actualmente en unos 500.000 millones de dólares, pero sus ingresos son, por decirlo suavemente, decepcionantes: apenas 13.000 millones de dólares. Existe el temor de que estos datos puedan conducir a una fuga de capital sin precedentes hacia esferas más prometedoras, lo que podría tener un efecto impredecible en la economía mundial. Según Ray Dalio, esta es una tecnología real y algún día generará beneficios, pero los inversores han empezado a calcularlos demasiado pronto. De la misma manera, después de que estalló la burbuja de las puntocom, las empresas pasaron por una catarsis y encontraron un modelo de negocio rentable: hoy en día, casi no hay una esfera que no dependa de Internet. Pero esa crisis no es como la actual por varias razones. En primer lugar, durante varios años ha habido una financiación cruzada entre gigantes como Nvidia, OpenAI, Microsoft y CoreWeave: se ayudan mutuamente, invirtiendo cada uno en los demás, pero este mecanismo funciona mientras los mercados crean que pronto les servirán las grandes ganancias en bandeja de plata.

En segundo lugar, si estalla la burbuja de la inteligencia artificial, las ondas expansivas no se limitarán a este sector. La razón es que el valor de estas empresas multimillonarias representa el 30% del índice estadounidense S&P 500 y el 20% del índice mundial MSCI World. Nunca antes se había concentrado tanto capital en unas pocas empresas y, quizás por eso, los analistas de UBS advierten que es posible un escenario de “grave colapso de la IA”.

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Por esta razón, el director ejecutivo de JP Morgan, Jamie Dimon, predice que la probabilidad de una caída significativa de las acciones es mayor de lo que indica actualmente el mercado. Y que un colapso provocado por el sector de la IA conducirá al colapso no solo de muchos sectores, sino también a la pérdida de inversiones de gran tamaño.

La tercera diferencia es que ninguna crisis hasta la fecha se ha desarrollado en el contexto de una ruptura geopolítica tan marcada del orden mundial de la posguerra. Nunca antes ha habido una guerra comercial tan feroz entre las dos economías más grandes: Estados Unidos y China.

La cuarta diferencia es que en las crisis anteriores la reducción de puestos de trabajo comenzaba meses y años después de su inicio. En este caso, parece que está ocurriendo exactamente lo contrario: la inteligencia artificial está arrasando con miles de puestos de trabajo y todo indica que la tendencia se extenderá. Desafortunadamente, las economías pierden otra herramienta poderosa: estimular la demanda de los consumidores y, a través de ella, dar un impulso a la recuperación.

A todo este “caldero hirviendo” se añade un factor más. Si en la mayoría de las crisis siempre ha habido al menos un salvavidas –normalmente China con su próspera economía–, ahora podría convertirse en un provocador del riesgo global. Según los analistas, la razón es la continua caída de los precios de la vivienda. Si no se controla, amenaza no solo el bienestar de los hogares, sino que también podría deteriorar la calidad de los activos bancarios.

O, para resumir, se avecina una situación económica con la que nunca nos hemos enfrentado. Por eso, ahora más que nunca, debemos recordar la principal “arma” del Homo sapiens, con la que nuestros antepasados superaron a los neandertales: observar la situación sin miedo, ser curiosos, experimentar audazmente y, sobre todo, esforzarnos por ser más adaptables que los demás.

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