Una enfermedad completamente ficticia ha logrado colarse en las respuestas de los chatbots de inteligencia artificial y, posteriormente, en una publicación científica, revelando una preocupante falla en los procesos de verificación de información en la era de la IA generativa.
La invención, denominada «bixonimanie», fue creada por la investigadora sueca Almira Osmanovic Thunström como parte de un experimento diseñado para probar hasta qué punto los modelos de lenguaje pueden difundir información falsa como si fuera verdadera. Según los informes, dos estudios falsos sobre esta supuesta enfermedad ocular fueron publicados en el sitio de preimpresión Preprints.org hasta el 10 de abril de 2026.
Modelos conversacionales como Copilot, Gemini, Perplexity y ChatGPT retomaron y propagaron la existencia de esta enfermedad inventada, presentándola como un hecho médico consolidado. La desinformación se propagó hasta llegar a un artículo científico que citaba la prepublicación falsa, lo que provocó su posterior retiro por parte de la revista Cureus.
Este episodio pone en evidencia cómo la falta de rigor en la validación de fuentes, combinada con la facilidad con la que los sistemas de IA reproducen patrones de texto sin comprender su veracidad, puede contaminar incluso espacios considerados confiables, como la literatura académica.
El caso de la bixonimanie se suma a una creciente lista de advertencias sobre los riesgos de la desinformación asistida por IA, especialmente cuando se trata de temas sensibles como la salud. Expertos advierten que, sin mecanismos de control más robustos, episodios como este podrían volverse más frecuentes y difíciles de detectar.
