En el contexto de los preparativos para el G7, los comerciantes y hoteleros de Ginebra expresaron su preocupación por la falta de claridad respecto a las medidas que deberán aplicarse durante el evento, describiéndose como estando «en un flou total» ante la incertidumbre sobre las decisiones que se tomarán.
Las empresas locales, particularmente afectadas por las posibles restricciones, han comenzado a manifestar su descontento, elevando el tono de sus reclamos ante la falta de respuestas claras por parte de las autoridades.
Tras un prolongado silencio, el Canton de Ginebra finalmente salió a comunicar su posición sobre el G7, señalando que se están evaluando las acciones necesarias para garantizar la seguridad y el orden durante la cumbre, aunque sin precisar aún los detalles específicos de las medidas a implementar.
Organizaciones como la FER (Federación de Empresas de Romandía) criticaron duramente el silencio previo del Consejo de Estado, acusándolo de falta de transparencia y de no involucrar a los actores económicos locales en la planificación del evento, a pesar del impacto directo que podría tener sobre sus actividades.
Además, se confirmó que se están organizando manifestaciones y la instalación de un pueblo militante en Ginebra como parte de las actividades paralelas al G7, con el objetivo de visibilizar las demandas de diversos movimientos sociales y políticos, aunque aún no se han definido todos los detalles logísticos de estas iniciativas.
Se hizo referencia a las lecciones aprendidas del G8 de 2003 en Évian-les-Bains, donde Ginebra fue afectada por las repercusiones de la cumbre, despertando cierta movilización local, pero mostrando al mismo tiempo un déficit en la prevención y preparación ante situaciones similares, lo que hoy se busca evitar mediante una mejor planificación y comunicación anticipada.
