Un estudio reciente analizó cómo el estrés fisiológico alto combinado con la alimentación nocturna afecta la función gastrointestinal y encontró que esta combinación aumenta significativamente la probabilidad de tener hábitos intestinales anormales, como estreñimiento o diarrea.
La investigación, que utilizó datos de más de 15,000 participantes del NHANES y el American Gut Project, descubrió que las personas con alta carga allostática —un marcador de estrés crónico basado en biomarcadores cardiovasculares, metabólicos e inflamatorios— tenían 1.32 veces más probabilidad de presentar trastornos en el tránsito intestinal.
Cuando este alto nivel de estrés se combinaba con el hábito de consumir más del 25% de las calorías diarias después de las 9 p.m., la asociación se hacía aún más fuerte. En ese grupo, el 39% reportó tener hábitos intestinales anormales, en comparación con solo el 23% de quienes tenían bajo estrés y cenaban más temprano.
Los investigadores destacaron que el horario de las comidas podría estar potenciando el impacto del estrés sobre el microbioma intestinal a través del eje cerebro-intestino, lo que a su vez influye en la diversidad microbiana y la regularidad digestiva.
Un segundo análisis del proyecto American Gut confirmó este patrón en un grupo separado de 4,157 personas, donde el reporte combinado de alto estrés, mal sueño y hábitos alimenticios nocturnos estuvo vinculado a una peor salud gastrointestinal.
Los autores concluyen que modificar tanto el momento de las comidas como la gestión del estrés podría ser una estrategia útil para mejorar la función digestiva y mantener un equilibrio saludable en la flora intestinal.
