Un estudio reciente de la Universidad de Duke indica que el cambio de horario asociado al horario de verano no incrementa la cantidad de pasos diarios ni el nivel general de movimiento de las personas. Los investigadores analizaron datos reales de actividad física obtenidos mediante dispositivos wearables del programa All Of Us, respaldado por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, para evaluar cómo cambian los hábitos de caminata antes y después del ajuste del reloj.
Para evitar depender de percepciones subjetivas, el equipo examinó el comportamiento objetivo de personas en regiones con diferentes políticas horarias. Aprovecharon el hecho de que Arizona no observa el horario de verano, mientras que estados vecinos como Colorado, Nuevo México y Utah sí lo hacen. Estas áreas comparten características climáticas y de estilo de vida similares, lo que permitió una comparación directa entre quienes cambian el horario y quienes no.
Los resultados mostraron que no hay un aumento significativo en la actividad física vinculado a la entrada del horario de verano, contradiciendo la creencia común de que las tardes más largas fomentan más tiempo al aire libre y mayor movimiento. El estudio sugiere que los supuestos beneficios en términos de actividad física asociados al cambio de horario no están respaldados por evidencia conductual objetiva.
