Canadá se prepara para posibles medidas extremas de Trump en medio de la guerra comercial
OTTAWA — Analistas y funcionarios canadienses advierten que el gobierno de Justin Trudeau debe estar listo para responder con firmeza ante las posibles acciones radicales que el presidente estadounidense, Donald Trump, podría tomar en los próximos meses, en un contexto de escalada en la disputa comercial entre ambos países.
Según fuentes citadas por The Hill Times, la administración Trump estaría considerando imponer aranceles adicionales a productos canadienses clave, como el acero, el aluminio y los vehículos eléctricos, como parte de una estrategia para presionar a Canadá en las negociaciones comerciales. Estas medidas podrían incluir restricciones más severas que las aplicadas en 2018, cuando se desató la primera ronda de tensiones bajo el mandato de Trump.
Un funcionario del gobierno canadiense, que habló bajo condición de anonimato, señaló que «Trump no está jugando ajedrez, sino póker. Sus movimientos no siempre siguen una lógica económica, sino política». Esta declaración refleja la incertidumbre que prevalece en Ottawa sobre cómo responder a un mandatario que ha demostrado estar dispuesto a utilizar el comercio como herramienta de presión geopolítica.
El pánico detrás de la retórica
En un análisis publicado por el Toronto Star, el periodista Justin Ling argumenta que, a pesar de la fachada de confianza que proyecta Trump, su administración está mostrando signos de desesperación. «Detrás del discurso agresivo hay una realidad incómoda: la economía estadounidense depende más de Canadá de lo que Trump está dispuesto a admitir», escribió Ling.
El columnista destaca que, aunque el 76% de las exportaciones canadienses tienen como destino a Estados Unidos, sectores clave de la industria estadounidense —como la automotriz y la energética— dependen de insumos canadienses para mantener su competitividad. «Trump puede amenazar con aranceles, pero sabe que una guerra comercial prolongada perjudicaría a ambos lados de la frontera», añadió.
Ling sugiere que Canadá debería adoptar una estrategia de «resistencia calculada», combinando represalias selectivas con una diplomacia pública que exponga los costos reales de las políticas de Trump para los consumidores y empresas estadounidenses. «No se trata de ceder, sino de mostrar que Canadá no es un objetivo fácil», concluyó.
Un daño que podría ser permanente
En un editorial del The Globe and Mail, se advierte que, aunque Trump podría dejar la presidencia en 2029, el daño causado por sus políticas comerciales podría extenderse mucho más allá de su mandato. «Las relaciones entre Canadá y Estados Unidos no se reconstruyen de la noche a la mañana. Las cadenas de suministro rotas, la desconfianza entre empresas y los precedentes legales establecidos durante esta era podrían tener efectos duraderos», señala el texto.
El editorial también critica la falta de una estrategia clara por parte del gobierno canadiense para contrarrestar las medidas de Trump. «No basta con esperar a que pase la tormenta. Canadá necesita un plan a largo plazo que reduzca su dependencia de un solo mercado y fortalezca sus lazos con otros socios comerciales», se lee en el artículo.
Entre las opciones que se mencionan para diversificar el comercio canadiense se incluyen acuerdos más profundos con la Unión Europea, la expansión de relaciones con países de Asia-Pacífico y el fortalecimiento de lazos con América Latina. Sin embargo, los expertos reconocen que estos cambios no ocurrirán de la noche a la mañana.
¿Qué puede hacer Canadá?
Los analistas coinciden en que Canadá debe evitar caer en la trampa de responder a cada provocación de Trump con medidas simétricas, ya que esto podría escalar el conflicto sin resolver los problemas de fondo. En cambio, sugieren:
- Enfocarse en sectores estratégicos: Proteger industrias clave como la automotriz y la energética, que son vitales para la economía canadiense y tienen un fuerte impacto en Estados Unidos.
- Movilizar a aliados en Washington: Trabajar con gobernadores estatales, congresistas y grupos empresariales estadounidenses que se verían perjudicados por los aranceles para presionar a la administración Trump.
- Preparar represalias selectivas: Identificar productos estadounidenses que, si son gravados, generen un impacto político en estados clave para Trump, como Michigan o Ohio.
- Comunicar el costo real: Mostrar a los consumidores estadounidenses cómo los aranceles aumentarían los precios de productos cotidianos, desde automóviles hasta alimentos.
Un informe reciente del Toronto Star destaca que, aunque Canadá tiene menos margen de maniobra que Estados Unidos en términos económicos, su posición como proveedor de recursos críticos —como el petróleo, los minerales para baterías y la madera— le da una ventaja negociadora que no debe subestimarse.
El factor tiempo
Con las elecciones presidenciales estadounidenses programadas para noviembre de 2028, algunos analistas creen que Trump podría intensificar sus medidas en los próximos meses para cumplir promesas de campaña y consolidar su base electoral. «Trump necesita mostrar resultados tangibles antes de las elecciones, y Canadá es un blanco fácil», comentó un experto en comercio internacional consultado por The Hill Times.

Sin embargo, otros advierten que una escalada en la guerra comercial podría tener consecuencias impredecibles, incluyendo un aumento en la inflación en Estados Unidos y una caída en la confianza de los mercados. «Trump está jugando con fuego. Si los aranceles se vuelven insostenibles, podría enfrentar una reacción negativa no solo de Canadá, sino también de su propio electorado», señaló un economista.
Mientras tanto, en Ottawa, el gobierno de Trudeau se prepara para lo que podría ser un verano de tensiones comerciales. Fuentes cercanas al primer ministro indican que se están evaluando múltiples escenarios, desde represalias económicas hasta una posible demanda ante la Organización Mundial del Comercio (OMC). «No queremos una guerra, pero tampoco podemos permitir que Canadá sea tratado como un peón en el tablero político de Trump», dijo un asesor.
Lo que está claro es que, independientemente de quién ocupe la Casa Blanca en 2029, las relaciones comerciales entre Canadá y Estados Unidos ya no serán las mismas. La pregunta ahora es si ambos países podrán encontrar un nuevo equilibrio antes de que el daño sea irreversible.
