Eslovaquia atraviesa un periodo de ambivalencia en su estrategia de seguridad y política exterior. Mientras el país mantiene su compromiso con la defensa del flanco oriental de la OTAN, las acciones de su primer ministro sugieren un acercamiento hacia la nación que representa una amenaza para la organización.
En el ámbito operativo, el país ha manifestado su intención de participar en la misión de patrullaje aéreo en los estados bálticos, reafirmando así su rol activo y su cooperación dentro de la alianza transatlántica.
No obstante, esta postura militar contrasta con la gestión diplomática del primer ministro, cuya actitud ha sido señalada como contradictoria al buscar el favor del país que amenaza la estabilidad de la región, generando una dualidad en la proyección internacional de Eslovaquia.
