El Reino Unido ha decidido flexibilizar las sanciones impuestas al petróleo ruso, permitiendo la importación de diésel y combustible para aviación derivados del crudo de Rusia.
Esta medida responde al aumento en los precios de los combustibles y a una crisis en el suministro de combustible para aviones, situación que se ha visto agravada por el cierre del estrecho de Ormuz.
Para implementar este cambio, el gobierno británico ha recurrido a una excepción o «carve-out» en el régimen de sanciones vigente, lo que facilita la adquisición de estos derivados energéticos para mitigar el impacto económico y logístico de la actual escasez.
