La tensión en torno a la inmigración, la identidad y la gestión de fronteras se intensifica en el sur de África. En el centro de este debate surge una premisa fundamental que cuestiona las políticas actuales: la idea de que los africanos no pueden ser considerados extranjeros dentro de su propio continente.
Este mensaje cobra relevancia en un momento en el que las naciones de la región enfrentan crecientes desafíos relacionados con el movimiento de personas y la definición de las fronteras nacionales, planteando interrogantes sobre la cohesión y el sentido de pertenencia en el territorio africano.
