Rastrear el origen de los brotes: clave para prevenir pandemias

by Editora de Noticias

La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró el 17 de mayo una emergencia de salud pública de importancia internacional tras un brote de ébola en la República Democrática del Congo (RDC). Con 363 casos confirmados y 62 muertes hasta el 2 de junio, este evento, sumado a un brote reciente de hantavirus, subraya las dificultades críticas para identificar el origen de las enfermedades infecciosas en un mundo globalizado y post-pandémico.

Personal de Médicos Sin Fronteras (MSF) en el centro de tratamiento de ébola de la clínica Elikya, en Bunia, República Democrática del Congo, el 5 de junio de 2026. | GLODY MURHABAZI / AFP via Getty Images

El legado de John Snow y la vigilancia epidemiológica

El legado de John Snow y la vigilancia epidemiológica

La necesidad de rastrear el origen de una enfermedad no es nueva. En 1854, el médico John Snow desafió la teoría predominante de la «miasma» (el aire en mal estado) al investigar un brote de cólera en el barrio londinense de Soho. Snow mapeó las muertes y descubrió que los afectados compartían una fuente común: una bomba de agua en Broad Street. Al retirar la manija de la bomba, el brote terminó. Aunque su teoría tardó años en ser aceptada, su enfoque es hoy la piedra angular de la epidemiología moderna: identificar la fuente es esencial para frenar la transmisión y gestionar el miedo público.

El desafío del ébola en la RDC

Casi dos siglos después, el rastreo de brotes sigue siendo complejo. El brote de ébola actual en la RDC, el decimoséptimo registrado en el país, se ha extendido a Uganda, donde se han confirmado 16 casos y una muerte hasta el 4 de junio. Según Abdou Sebushishe, médico del International Medical Corps en Goma, hasta el 20% de los pacientes actuales son trabajadores sanitarios.

La situación se complica por la naturaleza del virus. Esta variante, la cepa Bundibugyo, tiene un genoma un 30% diferente al de las cepas habituales, lo que retrasó su detección inicial. Además, la falta de vacunas o tratamientos aprobados para esta variante y el conflicto activo en la región dificultan el rastreo de contactos. Los investigadores aún no han identificado al «paciente cero» y advierten que, dado que el virus avanza más rápido que la respuesta, el control podría tardar más de seis meses.

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La complejidad de los brotes en Nueva York y Argentina

Dr John Snow | Cholera – The Investigation Continues

La capacidad de respuesta varía según el entorno. En 2015, Nueva York enfrentó un brote de la enfermedad del legionario que infectó a 138 personas y causó 16 muertes. Tras una investigación exhaustiva, las autoridades identificaron la fuente: una torre de refrigeración en el Opera House Hotel. Esto llevó a regulaciones estrictas, aunque el médico y epidemiólogo Jay Varma advirtió en Healthbeat que, tras el declive de las inspecciones en 2025, el riesgo persiste: «Las infecciones pueden ser inevitables, pero los brotes son una elección».

Mientras tanto, en Ushuaia, Argentina, el origen de un brote de hantavirus en el crucero MV Hondius sigue bajo debate. Aunque el gobierno argentino sugirió que una pareja se infectó en un vertedero local, el experto en salud pública Omer Awan cuestiona esta teoría, señalando que el roedor portador del virus no habita en esa zona. Esta incertidumbre, sumada a las tensiones geopolíticas sobre la responsabilidad de los brotes, complica la cooperación internacional.

¿Estamos preparados para la próxima amenaza?

¿Estamos preparados para la próxima amenaza?

La destrucción de hábitats y el cambio climático han aumentado la probabilidad de eventos de contagio zoonótico. Neil Vora, director ejecutivo de la coalición Preventing Pandemics at the Source, señaló en Time Magazine que existe una posibilidad de uno en cinco de que ocurra otra pandemia en la próxima década con una mortalidad de 25 millones de personas.

El riesgo se extiende más allá de lo natural. Jaime Yassif, asesora del Nuclear Threat Initiative (NTI), advierte que los avances en inteligencia artificial podrían facilitar que actores, tanto novatos como sofisticados, diseñen patógenos peligrosos. Ante este vacío de preparación, el NTI propuso un Mecanismo de Evaluación Conjunta para investigar brotes de origen incierto, proyecto que actualmente se encuentra en pausa por falta de voluntad política.

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«Todavía pensamos que es una brecha vital y muy importante, pero simplemente no pudimos conseguir la voluntad política para hacerla avanzar en el sistema», explicó Yassif. Mientras la financiación global para la salud se recorta y países como EE. UU. y Argentina se retiran de la OMS, la capacidad del mundo para detectar y detener el próximo brote sigue siendo una vulnerabilidad crítica.

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