En el quinto aniversario del 11 de julio de 2021, los ciudadanos en La Habana y otras provincias de Cuba desafiaron la vigilancia policial con cacerolazos nocturnos. Las protestas, motivadas por apagones prolongados y escasez de alimentos, reflejan un descontento social persistente frente a una crisis energética que el Gobierno califica de severa.
Protestas y cacerolazos en el quinto aniversario del 11J
La noche del 11 de julio de 2026, el sonido de los calderos volvió a escucharse en las calles de La Habana Vieja. Residentes de la zona, incluyendo sectores cercanos a la Lonja del Comercio, utilizaron el ruido metálico para reclamar por los cortes de electricidad constantes que han afectado la vida cotidiana. Según Martí Noticias, los ciudadanos expresaron su frustración no solo por la falta de luz, sino también por la ausencia de servicios básicos como agua y alimentos.
La protesta no se limitó a la capital. En el municipio de Guanabacoa, los desórdenes se extendieron por repartos como Habana Nueva, Martín Pérez y Eduardo Chivás. Testimonios locales reportaron la quema de tanques de basura y consignas directas contra el Gobierno. Quemaron tanques de basura y empezaron a gritar ¡Libertad! y ¡Abajo Díaz Canel! y se llevaron bastantes personas presas y dieron golpes también
, relató la activista Maritza Concepción Sarmientos.
La crisis energética y la respuesta del Estado
El régimen cubano, por su parte, mantiene su narrativa oficial. El dirigente comunista Roberto Morales Ojeda calificó la contención de las protestas como una victoria popular
frente a planes de desestabilización externa. Esta postura contrasta con la visión de Manuel Cuesta Morúa, presidente del Consejo para la Transición Democrática en Cuba, quien sostiene que el estallido de 2021 fue, en rigor, una victoria popular porque por primera vez en toda la historia de Cuba, un pueblo se expresa con esa fuerza contra un gobierno
.

Cambios en el lenguaje y la disidencia
Cinco años después del inicio del proceso político en 1959, el clima social en la isla ha experimentado una transformación marcada por el desencanto. La frustración ha alcanzado a sectores que anteriormente confiaban en el proyecto oficial. Iraida Calzadilla, una experiodista del diario Granma, expresó su malestar en redes sociales tras un apagón, describiendo la situación como otra violencia psicológica
y añadiendo: Vivimos en función de la espera. Atrapados en casa hasta que llegue la susodicha (luz). Detenido todo lo demás. No hay planes. No hay presente y no avizoramos futuro. Qué descuadre y qué desmadre
.
La represión posterior a 2021 incluyó la detención de cerca de 1,500 ciudadanos, de los cuales unos 700 fueron procesados. Figuras como Luis Manuel Otero Alcántara, quien fue arrestado el 11 de julio de 2021 y acusado de desacato, desórdenes públicos y ultraje a los símbolos de la patria de carácter continuado
, han cumplido sus condenas, aunque su situación tras la liberación permanece en la incertidumbre.
El impacto en la población y el éxodo
La combinación de inestabilidad política, carestía y crisis sanitaria ha provocado un éxodo migratorio significativo. Este fenómeno subraya la desconexión creciente entre las necesidades de la ciudadanía y las reformas implementadas por el Gobierno, las cuales, según críticos, no han logrado revertir el declive económico.

Mientras la vigilancia policial se mantiene estricta, con reportes de reclusión domiciliaria arbitraria contra opositores como Angel Santiesteban-Pratt, la incertidumbre sobre el futuro del sistema eléctrico y las condiciones de vida sigue marcando el horizonte de los cubanos. La falta de soluciones a largo plazo mantiene la furia en estado latente en barrios de todo el país, desde La Habana hasta Santiago de Cuba.
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