En ecoticias.com, un agricultor procedente de La Reunión e identificado como Heurtin abandonó cinco reses en la isla de Ámsterdam —también citada como Isla Amsterdam—, un territorio francés de aproximadamente 54 o 55 kilómetros cuadrados situado en una zona remota del sur del océano Índico, a unos 4440 kilómetros al sureste de Madagascar, según informan Cronista y ecoticias.com.
El origen de un experimento natural en el sur del Índico
El entorno presentaba condiciones extremas y poco amables para animales domésticos, caracterizado por vientos muy fuertes o huracanados, frío persistente, humedad y recursos limitados, especialmente la escasez de agua dulce. Pese a no contar con granja, veterinario ni alimento asegurado, aquella manada mínima logró multiplicarse y mantenerse durante más de 100 años sin supervisión ni intervención humana directa. Con el paso de las generaciones, la población llegó a picos cercanos a los 2000 ejemplares en 1952 y se recuperó tras un colapso por enfermedad registrado en 1988.
Lo que reveló la secuenciación completa del ADN
Décadas después de que los animales habitaran el lugar, investigadores lograron analizar muestras biológicas de 18 animales recogidas en 1992 y 2006. Ocho de ellos fueron estudiados mediante secuenciación del genoma completo. Este análisis genético detallado permitió identificar dos líneas de descendencia claramente diferenciadas que los animales ya poseían antes de llegar a la isla:
- Cerca del 75% de la población tenía origen en razas taurinas europeas relacionadas con la actual Jersey, adaptadas históricamente a ambientes fríos, húmedos y con fuertes vientos.
- El 25% restante procedía de cebúes del océano Índico, vinculados con poblaciones de ganado de Madagascar y Mayotte.
Esta mezcla genética previa otorgó a los cinco fundadores las herramientas biológicas necesarias para adaptarse a las duras condiciones climáticas. Además, los genetistas observaron un «cuello de botella» muy intenso pero breve: la población empezó con poquísimos individuos, pero creció rápidamente, lo que evitó perder la diversidad genética esperada y frenó la acumulación rápida de mutaciones dañinas y enfermedades hereditarias a pesar de alcanzar niveles de endogamia individuales cercanos al 30%.
Refutación del enanismo insular acelerado
El hallazgo central del estudio genético rebate una investigación previa publicada en 2017 en la revista Scientific Reports, la cual sostenía que el rebaño había experimentado un rápido enanismo insular al reducir su tamaño hasta unas tres cuartas partes del original en poco más de un siglo como respuesta evolutiva al territorio.

Los datos actuales indican que los animales fundadores ya eran de tamaño reducido al momento de su llegada a la isla, descartando cualquier señal de selección genética para una reducción corporal acelerada en la manada.
Restauración ecológica y fin del rebaño
A pesar de su resistencia biológica, el ganado comenzó a representar una amenaza directa para las especies endémicas y vulnerables de la isla, tales como el albatros de Ámsterdam y el árbol Phylica arborea.

Para mitigar este impacto, en 1987 se instaló un cerco que dividió el territorio y se removieron más de mil animales del sector sur. Posteriormente, las autoridades aplicaron medidas más drásticas dentro de un programa destinado a restaurar el ecosistema insular, lo que llevó a la eliminación del último ejemplar del rebaño en 2010. Años más tarde, en 2019, la UNESCO declaró a las Tierras y Mares Australes Franceses como Patrimonio de la Humanidad.
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