Científicos han descubierto que las famosas cataratas Blood Falls en la Antártida albergan una comunidad de microorganismos marinos antiguos atrapados bajo el glaciar Taylor durante cientos de miles de años, según reveló un estudio publicado en la revista Nature Geoscience.
El borde del glaciar Taylor, ubicado en los valles secos de McMurdo en la Antártida, descarga de manera intermitente un líquido rojizo que desemboca en el lago Bonney. Este fenómeno, conocido desde hace mucho tiempo como Blood Falls —o cataratas de sangre—, adquiere su característico tono carmesí debido a la oxidación de un agua salobre rica en hierro que brota desde el subsuelo glaciar. Aunque la composición mineral explicaba el color, el origen exacto de esa agua subterránea permanecía como un misterio sin resolver para la comunidad científica.
Un antiguo ecosistema marino en el desierto polar
Una investigación reciente publicada en Nature Geoscience aporta evidencias definitivas de que el agua que alimenta el flujo proviene de un entorno marino ancestral. Las pistas clave fueron descubiertas mediante el análisis de una comunidad de microorganismos que habita en el líquido rojo. Andrew Allen, profesor de biología marina en la Scripps Institution of Oceanography y coautor del trabajo, señaló que hallar este oasis biológico a más de 32 kilómetros del océano resulta extraordinario.
Estudios geoquímicos previos ya habían planteado la hipótesis de que las aguas salobres de Blood Falls correspondían a restos de un antiguo mar que inundó el valle de Taylor durante periodos cálidos previos. Al descender el nivel del mar y avanzar la capa de hielo, esas masas de agua quedaron atrapadas en las profundidades. La identificación de bacterias marinas en muestras anteriores respaldaba la teoría, pero el nuevo análisis amplía de forma significativa el soporte biológico al incorporar grupos eucariotas.
Análisis genético de 167 muestras del glaciar Taylor
Para rastrear el origen de estos microorganismos, el equipo investigador analizó 167 muestras compuestas por agua, sedimentos, hielo y aire recolectadas en los valles secos de McMurdo. Mediante técnicas avanzadas de secuenciación de ADN, los científicos identificaron tanto grupos procariotas como eucariotas, es decir, organismos cuyas células poseen un núcleo definido y orgánulos especializados.
Los resultados demostraron que la inmensa mayoría de los microorganismos hallados en el hielo rojo y en los sedimentos del término del glaciar están vinculados a entornos marinos, a diferencia de los sitios circundantes, donde predominan poblaciones terrestres y de agua dulce. Según el estudio difundido por Dailymail, el 9,34 por cent de los microorganismos presentes en Blood Falls se compartían con muestras oceánicas cercanas, frente a solo el 1,15 por cent registrado en otras zonas de los valles secos.
Microalgas y plancton adaptados a condiciones extremas
Entre los microorganismos identificados figuran diversos linajes adaptados originalmente al medio oceánico que lograron sobrevivir durante cientos de miles de años en uno de los hábitats más hostiles del planeta. Los investigadores detectaron diatomas, haptofitas, dinoflagelados y ciliados, los cuales continúan metabólicamente activos.
- Diatomas: Algas unicelulares protegidas por caparazones silíceos que constituyen la base de las redes tróficas marinas.
- Haptofitas: Microalgas fotosintéticas que forman parte esencial del plancton oceánico y participan en la absorción del dióxido de carbono atmosférico.
- Dinoflagelados: Plancton microscópico provisto de flagelos que les permiten desplazarse para capturar alimento o realizar fotosíntesis.
- Ciliados: Organismos unicelulares recubiertos de cilios que emplean para nadar y capturar bacterias u otras partículas microscópicas.
La evidencia genética recopilada por el equipo demuestra que estos diminutos supervivientes ejecutan funciones de fotosíntesis, reparan daños celulares y activan respuestas de estrés para resistir las bajas temperaturas y la alta salinidad del subsuelo glaciar. Algunas especies logran subsistir mediante la entrada en estados de latencia hasta que las condiciones locales resultan favorables.
Implicaciones para la reconstrucción climática y la adaptabilidad biológica
La incorporación de organismos eucariotas al análisis refuerza la teoría del aislamiento marino y abre nuevas vías para investigar la evolución de los paisajes polares. Andrew Allen explicó al valorar el peso de estos hallazgos que la adición de eucariotas a la mezcla aporta otra línea independiente de evidencia sobre el sistema marino relicto en el caso de Blood Falls.

Los investigadores estiman que la información genética preservada en estos microorganismos permitirá acotar cronológicamente el momento en el que se produjo el aislamiento hídrico y el retroceso del agua marina. El investigador de la Scripps Institution of Oceanography apuntó acerca de los siguientes pasos de la investigación que la información almacenada en estos eucariotas podría utilizarse para ayudar a acotar temporalmente el evento de inundación y aislamiento.
Andrew Allen, profesor de biología marina en la Scripps Institution of Oceanography, señaló que la diversa comunidad microbiana que encontraron conserva una conexión biológica con un entorno marino antiguo, al tiempo que demuestra la notable resiliencia y adaptabilidad de la vida, y concluyó que este hallazgo permite comprender mejor cómo los organismos se adaptan a cambios ambientales extremos a lo largo del tiempo.
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