Una nueva carrera espacial entre Estados Unidos y China se centra en el polo sur de la Luna, impulsada por la búsqueda estratégica de hielo de agua. Mientras la NASA y empresas privadas preparan misiones robóticas y tripuladas, China avanza con su programa Chang’e.
Con Pekín demostrando rápidos avances y Washington intensificando su discurso institucional, ambas potencias dirigen su atención hacia el polo sur de la Luna, una región accidentada y esquiva donde se concentran recursos vitales para la expansión humana fuera de la Tierra.
El polo sur lunar como recurso estratégico y desafío técnico
El renovado interés por el satélite natural no responde únicamente a la exploración científica, sino a la presencia de depósitos de agua congelada ocultos en cráteres que nunca reciben luz solar.
El agua hallada en el polo sur puede convertirse en combustible para cohetes al separar el hidrógeno y el oxígeno, además de servir como aire respirable o agua potable para los astronautas. Sin embargo, los yacimientos no están distribuidos uniformemente.
Operar en esta zona extrema plantea desafíos formidables. Las temperaturas superan los 200 grados bajo cero en la oscuridad permanente de los cráteres, y la escasa inclinación del Sol sobre el horizonte deja zonas enteras a oscuras durante días.
El programa Chang’e de China y los plazos de Pekín
China ha consolidado su posición en la carrera mediante un programa espacial que acumula hitos significativos desde el vuelo tripulado de 2003. Tras operar el módulo orbital Tiangong y recolectar por primera vez muestras de la cara oculta de la Luna, la Administración Espacial Nacional de China dirige sus esfuerzos hacia la misión Chang’e-7.
El cohete lanzador y los componentes de la sonda ya se encuentran en la base de preparación para someterse a los ensayos finales antes de su despegue, previsto para la segunda mitad del año. La misión empleará cuatro vehículos coordinados —incluyendo un orbitador, un módulo de descenso, un explorador y un dispositivo móvil capaz de realizar saltos— para perforar y analizar directamente el hielo lunar.

«Si se logra localizar hielo de agua en la Luna, podría reducirse significativamente el tiempo y el costo necesarios para transportar agua desde la Tierra. Esto facilitaría el establecimiento de una base humana para realizar actividades de largo plazo en la Luna y permitiría ampliar la exploración de Marte o del espacio profundo.»
Tang Yuhua, diseñador jefe adjunto de la misión Chang’e-7
La estrategia china contempla completar esta fase con la misión Chang’e-8 alrededor de 2029. China prevé un alunizaje tripulado hacia 2030.
La respuesta de la NASA y el programa Artemisa
En la acera occidental, la NASA avanza con su programa Artemisa. El programa Artemisa dio un paso histórico con el vuelo de la misión Artemisa II, que transportó a cuatro astronautas en una trayectoria alrededor de la cara oculta de la Luna.

La tripulación compuesta por Reed Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen completó con éxito el trayecto a bordo de la cápsula Orión antes de amerizar frente a las costas de California.
Mientras la NASA planifica un alunizaje tripulado —sujeta a posibles revisiones por retrasos técnicos—, el astrofísico Jacco van Loon advierte que la constancia y el cumplimiento de plazos del programa chino sitúan a Pekín en una posición ventajosa para liderar esta contienda.
Gobernanza global y visiones enfrentadas sobre el futuro del espacio
Desde Washington, el director de la NASA ha calificado a China como un rival geopolítico directo.
Más sobre esto
