Un grupo de tres hermanas brasileñas residentes en Río de Janeiro ha sido reconocido oficialmente por LongeviQuest como el trío de hermanos vivos más longevo del mundo. Las protagonistas de este caso son Levita de Deus Nunes, de 109 años; Zoraide de Deus Mota, de 104; y Zulina de Deus Nunes, de 103, quienes juntas suman 316 años de edad.
Tres hermanas brasileñas son reconocidas como el trío más longevo del mundo
El reconocimiento internacional se consolidó tras una rigurosa validación de documentos conducida por LongeviQuest, organización internacional que verifica récords de longevidad y actúa como socia oficial de Guinness World Records. Las tres mujeres pasaron formalmente a integrar los registros de Guinness World Records. La historia llegó a la organización a raíz de una publicación en redes sociales con motivo de los 108 años de Levita, lo que dio inicio a la investigación para comprobar sus edades.
La ciencia busca en su ADN claves genéticas de protección contra el envejecimiento
El caso despertó un intenso interés en la comunidad científica y atrajo la atención de los investigadores del Projeto DNA Longevo, una iniciativa coordinada por la geneticista Mayana Zatz en el Centro de Estudios del Genoma Humano de la Universidade de São Paulo (USP). El equipo recolectó muestras de ADN de las tres hermanas con el propósito de identificar genes protectores asociados a la longevidad extrema.

Los científicos buscan comprender los factores biológicos que permiten a ciertas personas conservar la vitalidad física y cognitiva, así como una mayor resistencia al deterioro, a las enfermedades crónicas y al declive cognitivo en edades muy avanzadas. El investigador João Paulo Guilherme, integrante del equipo de Zatz, explicó que la meta es reunir datos de 500 personas centenarias para alcanzar conclusiones más sólidas que puedan servir en el futuro para estrategias de prevención, diagnóstico y tratamiento del envejecimiento.
Orígenes rurales en Sergipe y una vida cotidiana marcada por hábitos sencillos
Nacidas en Cedro de São João, en el interior del estado de Sergipe, dentro de una familia de ocho hijos, las hermanas crecieron en un entorno rural. Durante su infancia consumían alimentos frescos producidos en su propia propiedad: bebían leche extraída de vacas y cabras cuidadas por su padre, recolectaban frutas y verduras del quintal y preparaban cuscuz con maíz desgranado manualmente.

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