El Sol pudo haber devorado un planeta de tipo supertierra durante su etapa formativa y conservar aún huellas químicas y estructurales de aquel evento.
Nuestro astro rey no solo sostiene la vida en la Tierra, sino que pudo haberse comportado como un caníbal cósmico en su juventud.
Las anomalías internas del Sol y la hipótesis del planeta devorado
Durante décadas, los modelos estándar de evolución estelar no han logrado concuerdan de forma perfecta con las observaciones de las oscilaciones sísmicas en el interior solar. Los astrónomos han detectado discrepancias persistentes en la velocidad del sonido registrada justo debajo de la zona convectiva del Sol, así como en la profundidad de dicha región. A estos enigmas se suma la marcada escasez de litio observada en la superficie solar, un elemento que los modelos convencionales predecían en mayores cantidades.
Ante estos vacíos teóricos, un equipo de investigadores decidió indagar si estos problemas independientes compartían una raíz común en la historia química temprana de nuestra estrella. Como los planetas se forman a partir de material con una composición química diferente a la del gas circundante en el disco protoplanetario, la absorción de un cuerpo rocoso masivo habría alterado la composición interna del astro de forma permanente.
La cita anterior, recogida por el medio especializado IFLScience, resume el planteamiento central del profesor Mutlu Yildiz, investigador de la Universidad Ege en Turquía y autor principal del trabajo científico.
Simulaciones con el programa MESA y el tamaño de la supertierra
Para poner a prueba esta teoría, el equipo científico utilizó el programa informático de evolución estelar MESA, un software avanzado que permite modelar diferentes escenarios de acreción de materia y compararlos con datos heliosísmicos reales. Los cálculos arrojaron resultados sumamente específicos sobre las dimensiones del cuerpo celeste ingerido.

El cuerpo atravesó las capas externas de la estrella perdiendo apenas una fracción menor de su masa antes de disolverse por completo en el interior estelar.
Este rango de masa específico sorprendió a los propios investigadores, quienes no preveían que las simulaciones convergieran en cifras tan precisas al intentar explicar de manera simultánea la estructura interna y la concentración anormalmente baja de litio.
Por qué nuestro sistema solar carece de supertierras interiores
La ausencia de planetas tipo supertierra en las órbitas internas de nuestro sistema actual ha desconcertado a los astrónomos durante años, especialmente porque estos mundos rocosos masivos abundan en otros sistemas planetarios examinados en la galaxia. Trabajos teóricos previos ya habían propuesto que uno o más de estos cuerpos gigantescos pudieron formarse originalmente muy cerca del Sol, dentro de la órbita de Mercurio, antes de migrar hacia el interior debido a interacciones gravitacionales con el disco de gas circundante.

El aporte del nuevo estudio radica en demostrar que el Sol no solo pudo haber protagonizado este canibalismo orbital, sino que aún conserva evidencias físicas observables que los instrumentos actuales y futuros de heliosismología podrían detectar de manera independiente para confirmar el suceso.
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