Alrededor de 400 millones de personas viven en países que han legalizado la muerte asistida, una práctica médica y legal cuyas normas varían considerablemente en todo el mundo, desde restricciones estrictas a los enfermos terminales hasta la inclusión de casos de sufrimiento insoportable sin fecha límite de vida.
Naciones como Canadá, Australia, Nueva Zelanda, España y Austria han introducido normativas que permiten la ayuda para morir, adoptando criterios diversos sobre quiénes pueden acogerse a estos procedimientos.
El modelo de Oregón y la situación en Estados Unidos
Oregón se convirtió en uno de los primeros lugares del mundo en ofrecer esta alternativa a determinados pacientes en 1997, acumulando casi 30 años de experiencia que han servido de base para las normativas de otros estados norteamericanos.
En Oregón, el acceso está limitado a adultos con enfermedades terminales y competencia mental a quienes se les pronostica una esperanza de vida inferior a seis meses, requiriendo la aprobación firmada de dos médicos. Desde 1997, la práctica registra 5.520 recetas de dosis letales y 3.691 muertes.
Diferencias normativas en Europa y el acceso en Suiza
En Europa, seis países cuentan con algún tipo de regulación legal sobre la muerte asistida: Suiza, Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, España, Austria y, más recientemente, Francia, que adoptó una ley de ayuda para morir destinada a adultos con condiciones incurables que experimentan un dolor insoportable. A diferencia de las propuestas debatidas en Inglaterra y Gales, ninguna de estas naciones europeas limita la ayuda exclusivamente a enfermos terminales.
Suiza fue pionera al establecer un «derecho a morir» en 1942, permitiendo el suicidio asistido. Es además uno de los pocos países que facilita el acceso a extranjeros mediante organizaciones como Dignitas en Zúrich, donde más de 600 británicos han fallecido en las últimas dos décadas, incluidos 43 el año pasado. Por su parte, Países Bajos y Bélgica legalizaron la eutanasia y el suicidio asistido hace más de 20 años para pacientes con sufrimiento insoportable derivado de enfermedades incurables, permitiéndolos incluso en casos pediátricos, una excepción única en el continente europeo.
El debate sobre el alcance en Canadá y la nueva legislación en Jersey
Canadá es frecuentemente señalada por los detractores como un ejemplo de «pendiente resbaladiza» debido a la ampliación de sus criterios iniciales. La asistencia médica para morir (Maid, por sus siglas en inglés) se introdujo en 2016 únicamente para enfermos terminales, pero una enmienda aprobada en 2021 la extendió a personas que sufren un dolor insoportable a causa de una enfermedad irreversible o una discapacidad. Una prevista ampliación a personas con enfermedades mentales permanece suspendida por el momento. Los críticos sostienen que la ampliación gradual pone en riesgo a las personas vulnerables y con discapacidad, mientras que las estadísticas muestran que aproximadamente una de cada veinte muertes en Canadá son médicamente asistidas, en comparación con una de cada cien en Oregón.

En el ámbito británico, aunque los parlamentos de Inglaterra, Gales y Escocia han rechazado las propuestas sobre la materia, la isla de Jersey aprobó formalmente una ley en julio tras recibir la sanción real (Royal Assent). El gobierno de Jersey calcula que tardará unos 18 meses en implementar el servicio, por lo que la primera muerte asistida podría registrarse a finales del próximo año.
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