Un delfín mular llamado Bubbles, ubicado en la Gran Barrera de Coral de Australia, ha desarrollado una estrategia de caza inédita. Entre junio de 2021 y octubre de 2025, investigadores documentaron cómo acosa a peces jurel ojón hasta provocarles vómitos por estrés para luego consumir el alimento regurgitado.
La naturaleza nunca deja de sorprender, y el reino marino acaba de sumar una conducta insólita a su catálogo. Un delfín solitario en la costa de Lady Elliot Island ha encontrado un atajo alimenticio que desafía la imagen amistosa que solemos proyectar sobre estos cetáceos, demostrando que la supervivencia en el océano puede adoptar formas tan ingeniosas como peculiares.
El método de caza de Bubbles en la Gran Barrera de Coral
Entre junio de 2021 y octubre de 2025, un equipo de investigadores recopiló 20 registros de interacciones entre el delfín y bancos de jurel ojón (bigeye trevally
), según documentaron las publicaciones científicas. De esos encuentros, 11 culminaron en el cetáceo alimentándose de los restos que los peces expulsaban bajo presión. El animal, identificado por muescas en su aleta dorsal y una cicatriz en forma de V, era conocido por el personal del complejo turístico local desde al menos 2017.
Los científicos dividieron el proceso en distintas fases claramente diferenciadas. Primero ocurre el escaneo, donde Bubbles utilizaba la ecolocalización para identificar a su presa. A continuación, selecciona un individuo con el abdomen abultado, lo aísla del grupo y acelera la persecución a corta distancia hasta que el pez, abrumado por el estrés, vomita su propia comida.
Durante estas secuencias, el delfín repite el ciclo hasta 10 veces en media hora. Lo llamativo es que, una vez consumido el vómito, el jurel nada de manera ilesa y el depredador no se alimenta del pez en sí mismo.
Kleptoparasitismo documentado por primera vez en cetáceos
Este comportamiento constituye un caso clásico de kleptoparasitismo, un fenómeno en el cual un animal roba la presa o el alimento capturado por otro. Aunque se conocía en aves marinas —como las fragatas que hostigan a las golondrinas de mar hasta hacerles perder su botín en una persecución like a V8 supercar race
, en palabras de la bióloga marina Jacinta Shackleton reportadas por BBC Wildlife Magazine—, nunca se había registrado de forma oficial en delfines.
El doctorando de la University of the Sunshine Coast y coautor del estudio, Romney Edwards-Francis, explicó a IFLScience que dejar que otro animal capture el alimento ahorra un esfuerzo considerable. Esta ventaja energética resulta especialmente útil cuando el ejemplar caza en solitario.
Mientras que los delfines mulares comunes suelen buscar alimento en grupos, Bubbles operaba siempre en solitario cada vez que se documentó esta práctica de robo alimenticio.
Ecolocalización, chasquidos y la reacción de los investigadores
Los análisis de audio obtenidos a partir de las grabaciones submarinas revelaron secuencias intensas de chasquidos y tonos de baja frecuencia emitidos por el cetáceo. Los autores del trabajo publicado en Ecology and Evolution barajan la hipótesis de que estas emisiones acústicas cumplen una doble función: afinar la selección del ejemplar con el estómago más lleno y potenciar la respuesta de estrés en la víctima.


La escena también dejó momentos desconcertantes para los testigos humanos. Jacinta Shackleton relató cómo, tras tragar los desperdicios, el animal gira la cabeza directamente hacia ella, emite un chasquido muy prolongado y da casi la impresión de estar diciendo que mire lo que hizo, que consiguió la comida y que es muy inteligente.
Por su parte, los científicos insisten en que la aparente sonrisa permanente de estos mamíferos marinos no debe confundirse con bondad humana. Se trata de depredadores activos que desarrollan tácticas complejas para maximizar su ingesta calórica con el mínimo desgaste físico, un aspecto que la tecnología moderna mediante drones y cámaras con marcas de tiempo en el cuerpo de los animales ayudará a investigar en el futuro.
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