El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, respaldó una prohibición a las exportaciones de diésel para frenar el aumento de los precios del combustible que afectan a transportistas y agricultores.
Un giro oficial hacia las restricciones en medio de máximos históricos
El precio del combustible en Estados Unidos ha escalado hasta niveles sin precedentes debido a las interrupciones globales provocadas por los conflictos en el este de Europa y Oriente Medio. Un galón de diésel alcanzó un récord de 6.53 dólares a nivel nacional, superando en más de un 75% el costo registrado el año anterior, según datos recopilados por la Asociación Americana del Automóvil (AAA).

Ante este escenario, el presidente Donald Trump afirmó que impulsa la medida de restringir las salidas de combustible al extranjero. El mandatario declaró ante los medios de comunicación en Nueva York, en el marco de una reunión con el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, que había señalado que no se debía enviar el diésel, argumentando que se produce mucho y que se lo había pedido a su equipo.
Por su parte, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, confirmó que la administración analiza la viabilidad de la medida. Estamos examinando si es factible en términos de la capacidad general de refinación y si funcionaría una prohibición total o parcial, explicó Bessent durante el mismo encuentro bilateral. Trump añadió que la decisión final se tomará de forma acelerada de una u otra manera.
Presión electoral y reclamos desde el Congreso
Diversos candidatos republicanos en contiendas clave han presionado abiertamente al Ejecutivo para implementar el veto a las exportaciones.

En estados agrícolas y de alta actividad logística, los costos operativos se han vuelto insostenibles. Entre los impulsores de la iniciativa figuran el senador Chuck Grassley de Iowa y la diputada Ashley Hinson, quienes argumentan que los ciudadanos no deben pagar las consecuencias económicas derivadas del conflicto en Irán. Asimismo, el senador Dan Sullivan, en plena campaña para retener su escaño por Alaska, declaró en un comunicado que el combustible estadounidense debía quedarse en casa, con los estadounidenses.
La oposición técnica de los secretarios de Energía e Interior
A pesar del respaldo político, la propuesta enfrenta una resistencia técnica dentro del propio equipo gubernamental. Los responsables de energía de la administración advierten que una restricción de esta magnitud podría acarrear efectos colaterales graves para la economía interna.
El secretario de Energía, Chris Wright, señaló que prohibir las exportaciones generaría un exceso de oferta en la costa del golfo de México, lo que obligaría a las refinerías nacionales a recortar sus tasas de producción. Como consecuencia inevitable, la menor refinación de diésel arrastraría a la baja la producción de gasolina, elevando los precios de esta última para los conductores comunes.
Chris Wright, secretario de Energía de Estados Unidos, advirtió que si se empezaban a poner barreras a los flujos, muy pronto se reduciría la producción y se tendría menos suministro, recalcando que necesitaban más suministro y no menos.
En la misma línea, el secretario del Interior, Doug Burgum, advirtió que la prohibición es poco probable que reduzca los precios globales del petróleo y expone al país a medidas de represalia por parte de otras naciones exportadoras, un riesgo latente para estados como California que dependen parcialmente de suministros externos.
El impacto en las refinerías y la preocupación internacional
Fuera de la administración, las reacciones del sector industrial y de los aliados comerciales no se hicieron esperar.
Mike Sommers, presidente de la American Petroleum Institute, advirtió que tales restricciones podrían desestabilizar los mercados globales y afectar la operatividad de las refinerías en el país.
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