Los glaciares de Suiza sufrieron una disminución drástica durante el año, perdiendo más del 5% de su volumen total de hielo, de acuerdo con los nuevos datos publicados por la Academia Suiza de Ciencias Naturales. El informe anual de la red de monitoreo GLAMOS detalla que la pérdida exacta alcanzó el 5.5%. Esta cifra se sitúa cerca del récord histórico registrado en el año 2022, cuando la reducción llegó al 6% en una sola temporada.
Una pérdida desastrosa de hielo en los glaciares suizos
El director de Glacier Monitoring Switzerland, Matthias Huss, calificó la situación como verdaderamente desastrosa. Los glaciares comenzaron el verano con una capa de nieve invernal inferior a la habitual debido a un invierno templado, y las intensas olas de calor registradas en mayo y junio derritieron esa protección de manera acelerada. Al desaparecer la nieve fresca, quedó expuesto el hielo desnudo, el cual absorbe mayor cantidad de energía solar por ser más oscuro y menos reflectante.
Impacto en las grandes cumbres y escasez de nieve acumulada
Uno de los descubrimientos más alarmantes para los científicos se documentó en las zonas de mayor altitud. A unos 3,500 metros sobre el nivel del mar, los investigadores constataron que no quedaba nada de nieve al finalizar el verano. En algunos puntos elevados, las mediciones revelaron una pérdida de hasta cuatro metros de hielo donde normalmente debería haber varios metros de nieve acumulada.
Los expertos explican que la nieve funciona como el alimento de los glaciares, ya que bajo condiciones estables se compacta hasta convertirse en hielo. Al no sobrevivir nieve alguna durante el período estival, el hielo perdido en las zonas bajas e inferiores no puede ser reemplazado. Como consecuencia, algunos glaciares orientales como el Plattalva ya han desaparecido por completo, mientras que otros de gran envergadura, como el Ródano y el Aletsch, registraron pérdidas récord este año.
Amenazas a los suministros de agua y estabilidad de las montañas
Los enormes campos de hielo de los Alpes actúan como las torres de agua de Europa, almacenando la nieve invernal para liberarla de manera gradual durante la primavera y el verano. Dicha agua alimenta ríos fundamentales para el suministro alimentario, la energía hidroeléctrica, la agricultura y el transporte fluvial. Entre julio y septiembre, los glaciares suizos liberaron 2.2 billones de litros de agua de deshielo, lo que ayudó a mitigar la escasez durante las recientes olas de calor.

No obstante, los científicos advierten que este proceso es insostenible a largo plazo, ya que el agua liberada corresponde a reservas acumuladas durante décadas o siglos. La desaparición de los glaciares también debilita la estabilidad de las pendientes alpinas y el permafrost que actúa como soporte de las montañas. Este fenómeno incrementa considerablemente los riesgos de inundaciones y deslizamientos de tierra en las regiones montañosas habitadas.
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