El ex primer ministro checo Andrej Babiš defendió su enfoque en la política exterior como pragmático, afirmando que los criterios puramente valorativos no han aportado resultados concretos. Según declaró a Hospodářské noviny, su gobierno priorizó la eficacia sobre las declaraciones ideológicas, y en ese marco expresó su disposición a unirse a la iniciativa francesa de disuasión nuclear liderada por el presidente Emmanuel Macron.
Esta postura fue rápidamente cuestionada por analistas políticos. Un politólogo citado por Seznam Zprávy respondió que quien conduce una política internacional basada únicamente en el pragmatismo, sin un marco ético o de valores, actúa de manera irracional. Para el experto, descartar por completo la dimensión valorativa en las decisiones de Estado equivale a renunciar a cualquier brújula orientadora en asuntos de seguridad y cooperación internacional.
El debate se extendió a otras figuras públicas. El diputado Marek Vondráček generó controversia durante una intervención en la televisión pública ČT, donde, según informó Médium.cz, reprendió de forma abrupta a un moderador, advirtiéndole con énfasis que «tuviera cuidado» con lo que decía, comparándolo con «el último de los payasos de feria». Sus palabras fueron ampliamente criticadas por su tono agresivo y poco institucional.
Mientras tanto, surgió un episodio relacionado con la ex presidenta del Senado, Miluše Vystrčil. Según informó Novinky, ella había expresado el deseo de viajar a Taiwán a bordo de un avión militar, una propuesta que fue finalmente bloqueada por el propio Babiš, quien, como titular del gobierno en ese momento, denegó el permiso para dicho vuelo.
Las críticas a Vondráček no se limitaron al ámbito político. Personalidades de la cultura, entre ellas el reconocido director Jan Hřebejk, se pronunciaron a través de forum 24, calificando sus recientes comentarios en ČT como inaceptables y advirtiendo que su comportamiento representa un peligro para el diálogo público. Hřebejk y otros intelectuales coincidieron en señalar que los ataques a periodistas y comunicadores, incluso cuando se disfrazan de franqueza, dañan la confianza en las instituciones democráticas.
