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Agonorexia: Trastornos Alimentarios y Medicamentos Supresores del Apetito

by Editora de Salud

La llamada “agonorexia” no es una enfermedad nueva en sí misma, sino más bien una manifestación de otros trastornos alimentarios ya descritos en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5-TR). Profesionales especializados en comportamiento alimentario pueden identificar estas señales, y es importante estar alerta, ya que muchos pacientes buscan dietas de forma persistente con fines estéticos.

Varios trastornos pueden coexistir o verse agravados por el uso de medicamentos agonistas de GLP-1, que se han popularizado como “bolígrafos para adelgazar”. Entre ellos, destaca la anorexia nervosa, caracterizada por una restricción alimentaria persistente, un miedo intenso a ganar peso y una percepción distorsionada del cuerpo. Si bien no todos los usuarios de estos medicamentos desarrollan anorexia, la supresión extrema del apetito puede fomentar conductas similares, especialmente cuando se descuidan las comidas o se valora la falta de hambre como una forma de “control”.

Otro trastorno relevante es el Trastorno por Atracón (TCAP), que implica episodios de ingesta excesiva de alimentos acompañados de una sensación de pérdida de control. Al suspender el uso de los agonistas de GLP-1, algunos pacientes experimentan un retorno repentino del apetito, seguido de atracones. Este efecto rebote puede generar un ciclo emocional complejo, marcado por el miedo a volver a comer en exceso, la culpa y el deseo de retomar el medicamento para recuperar la sensación de control.

Además, existen comportamientos que, aunque no se reconocen formalmente como diagnósticos en el DSM, son objeto de estudio en la literatura clínica. Un ejemplo es la “drunkorexia” (anorexia alcohólica), que se define como la sustitución de calorías alimentarias por bebidas alcohólicas. Este patrón se ha observado en algunos pacientes que utilizan supresores del apetito, quienes reducen su ingesta de alimentos pero mantienen o aumentan su consumo de alcohol, lo que perjudica su nutrición. Este fenómeno también puede ocurrir después de una cirugía bariátrica.

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Finalmente, es importante considerar el trastorno de adaptación, en el que surgen síntomas emocionales como respuesta a un factor estresante específico, como un cambio en la salud o en la rutina. Cuando un paciente se adapta a la baja sensación de hambre inducida por los agonistas de GLP-1, la idea de suspender el tratamiento puede generar ansiedad. En este contexto, la “agonorexia” parece encajar como un conjunto de respuestas adaptativas ante una tecnología que ha modificado nuestra relación con el hambre, más que como un diagnóstico nuevo.

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