La doctora Alma Maldonado, investigadora del Departamento de Investigaciones Educativas del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (CINVESTAV), advirtió sobre los riesgos de la desinformación en salud pública, un fenómeno que, según su análisis, ha escalado en los últimos cinco años. «La propagación de información falsa o malinterpretada en temas médicos no solo confunde a la población, sino que puede tener consecuencias graves en la toma de decisiones clínicas», declaró Maldonado en un reciente foro sobre educación científica.
De acuerdo con la experta, el problema no radica solo en la velocidad con la que se difunde la desinformación, sino en la falta de herramientas críticas para evaluar fuentes confiables. «Muchos usuarios recurren a redes sociales o plataformas digitales sin verificar si la información proviene de instituciones reconocidas o de profesionales con formación en el área», explicó. Maldonado destacó que este escenario se agrava cuando temas como vacunas, tratamientos alternativos o síntomas de enfermedades virales se vuelven virales en internet sin contexto científico.

La investigadora también subrayó la responsabilidad de los medios de comunicación y las plataformas digitales en la lucha contra este fenómeno. «Es fundamental que los periodistas especializados en salud prioricen la verificación de datos y que las redes sociales implementen algoritmos que penalicen la difusión de contenido no respaldado por evidencia», afirmó. Según Maldonado, la colaboración entre académicos, medios y gobiernos es clave para contrarrestar la desinformación y garantizar que la población acceda a información precisa y oportuna.
El CINVESTAV, centro adscrito al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), ha desarrollado proyectos para fomentar la alfabetización científica en la población, incluyendo talleres y campañas dirigidas a docentes y estudiantes. Maldonado señaló que estos esfuerzos buscan no solo informar, sino también formar ciudadanos capaces de discernir entre fuentes confiables y desinformación.
En un contexto donde la salud mental y física de las personas depende en gran medida de la información que consumen, la experta insistió en la necesidad de promover la educación científica desde edades tempranas. «La desinformación en salud no es un problema aislado; es un reflejo de una sociedad con brechas en su capacidad crítica», concluyó.
