Un comienzo accidental llevó a este comediante a los escenarios. Después de probar el *stand-up* en la universidad y tres intentos fallidos en el festival de Edimburgo, una pausa de dieciocho meses lo llevó a subeditar artículos sobre mercados bursátiles, una experiencia, según sus propias palabras, “aún menos emocionante de lo que parece”. Un único micrófono abierto en el Comedy Cafe de Londres, con Daniel Kitson como anfitrión, cambió el rumbo de su carrera. Si esa noche no hubiera ido bien, quizás nunca habría vuelto a intentarlo. Afortunadamente, el éxito le abrió las puertas a presentaciones pagadas y, finalmente, a convertir el *stand-up* en su profesión.
Recordando una noche particularmente difícil, el comediante rememora un espectáculo en Killarney, Irlanda, en 2002. Sustituyendo a un artista local de renombre, se encontró actuando en un club nocturno de hotel donde el público parecía más interesado en la música y el baile que en la comedia. La reacción fue, en sus palabras, una mezcla de silencio, hostilidad, confusión, apatía, resentimiento y lástima. Para colmo, el ruido de la discoteca le impidió dormir hasta las 4 de la mañana.
Cuando se le pregunta sobre rituales previos a sus presentaciones, su respuesta es concisa: “Dar gracias de no estar en un club nocturno de Killarney”.
En cuanto a sus influencias, el comediante evita la idea de “héroes”, pero reconoce la importancia de programas como *The Day Today* y *Brass Eye* en su desarrollo. La actuación de Robert Newman en el festival de 2000 lo inspiró a explorar material político, y sus estudios de comedia griega antigua, especialmente las obras de Aristófanes, lo marcaron profundamente. Describe la comedia de Aristófanes como “total”, abarcando sátira política, parodia literaria, *slapstick*, juegos de palabras y humor más escabroso.
Entre sus presentaciones más memorables, destaca un par de espectáculos en Naveed’s Comedy Club en Dhaka, Bangladesh, mientras cubría la Copa Mundial de Críquet de 2011 para ESPNcricinfo. Naveed había fundado el primer club de comedia de Bangladesh un año antes y lo invitó a actuar. El local, un pequeño sótano decorado como un club de *stand-up* neoyorquino, con ladrillos a la vista y fotos de comediantes icónicos, resultó ser una experiencia “extraña, maravillosa e inspiradora”.
En cuanto a los abucheos, recuerda un incidente en una universidad de Leeds donde una espectadora decidió, activamente, dormirse en la primera fila. “Difícil responder a eso”, comenta.
También relata cómo, durante sus espectáculos en el festival, el público a veces gritaba el marcador de un partido de críquet, lo que, aunque útil, indicaba que no había captado completamente su atención.
Su último espectáculo, *The Zaltgeist*, se inspira en “la creciente imposibilidad de entender el mundo y su política”.
En 2025, la sátira se siente, según sus palabras, “más difícil, más fácil y simplemente más extraña”, además de ser “más agotadora, más repetitiva y más catártica”.
En el futuro cercano, espera ver a Inglaterra lograr una remontada histórica en las Ashes, regresar a casa para una nueva serie de *The News Quiz* y continuar con la gira de *The Zaltgeist*.
