Mientras la humanidad avanza rápidamente en el desarrollo de robots e inteligencia artificial, existen tareas que ninguna máquina ha logrado realizar con la misma eficiencia que algunos animales. Ratas gigantes africanas que desactivan campos minados, visones que instalan cables de fibra óptica y perros que detectan cáncer antes que cualquier examen médico: estas son historias reales que demuestran que, en determinadas situaciones, la naturaleza supera a la tecnología.
Uno de los ejemplos más impactantes proviene de la ONG belga APOPO, que entrena ratas gigantes africanas para encontrar minas terrestres en zonas de conflicto.
Según datos de la Campaña Internacional para la Abolición de las Minas Terrestres, casi 6.300 personas murieron o resultaron heridas por minas terrestres en 2024, siendo el 90% civiles y casi la mitad niños. Se trata de un problema urgente, y estos animales están en la primera línea de la solución.
Pero no se trata solo de ratas. En Inglaterra, visones son contratados para realizar trabajos de ingeniería que ningún equipo humano puede llevar a cabo, y perros entrenados por organizaciones como Medical Detection Dogs, en el Reino Unido, han demostrado que su olfato puede salvar vidas de una manera que la ciencia aún intenta comprender.
Los HeroRATs, ratas que salvan vidas en campos minados
La ONG APOPO, con sede en Bélgica y operativa desde 1997, utiliza una especie de rata llamada rata gigante africana (Cricetomys gambianus) para realizar tareas de desminado humanitario. Estos animales, apodados HeroRATs, tienen aproximadamente el tamaño de un gato pequeño y poseen bolsas en las mejillas, similares a las de un hámster, donde les gusta almacenar comida.
La eficiencia de estas ratas es sorprendente. Según la información proporcionada por APOPO, una sola rata puede inspeccionar un área equivalente a una cancha de tenis en aproximadamente 20 a 30 minutos, un trabajo que le tomaría a un técnico con un detector de metales entre uno y cuatro días completar.
La razón de su eficiencia es biológica. Las ratas gigantes africanas son lo suficientemente ligeras para caminar sobre una mina sensible a la presión sin activarla, pero lo suficientemente grandes para cubrir áreas extensas rápidamente.
Cuando detectan el olor de sustancias como el TNT, rascan la superficie del suelo, lo que indica a los entrenadores que marquen el lugar y, posteriormente, retiren la mina de forma segura.
Una ventaja crucial sobre los detectores de metales es que estos animales ignoran la chatarra metálica dispersa en el suelo, enfocándose únicamente en el olor de los explosivos. Esto hace que el trabajo sea mucho más preciso en áreas con muchos desechos.
Un historial impresionante y un récord mundial
El HeroRAT más famoso fue Magawa, una rata que trabajó en Camboya durante cinco años y encontró 71 minas terrestres y 38 elementos de munición sin detonar. En 2020, recibió una medalla de oro de la institución benéfica veterinaria británica People’s Dispensary for Sick Animals, convirtiéndose en la primera rata en la historia en recibir este premio.
Más recientemente, otro HeroRAT llamado Ronin batió el récord de Magawa y entró en el Libro Guinness de los Récords Mundiales.
Según APOPO, desde su despliegue en la provincia de Preah Vihear, en Camboya, en agosto de 2021, Ronin ha detectado 109 minas terrestres y 15 elementos de munición sin detonar. Con solo cinco años de edad, aún puede trabajar durante dos años más.
En total, según datos de APOPO, los HeroRATs ya han limpiado más de 120 millones de metros cuadrados de antiguos campos minados en países como Angola, Azerbaiyán y Camboya. Para tener una idea de la magnitud de este trabajo, esta área es mayor que la ciudad de París.
Visones: los “ingenieros” que nadie esperaba
Si las ratas ya impresionan, los visones ofrecen una sorpresa aún más inesperada. En la región de Derbyshire, en Inglaterra, opera la Escuela Nacional de Entrenamiento de Visones, dirigida por el zoólogo James McKay, reconocido internacionalmente como una autoridad en visones y sus usos en la industria y la agricultura.
La empresa mantiene más de 50 visones de diferentes tamaños y los utiliza para instalar cables de fibra óptica, localizar bloqueos en desagües subterráneos e incluso tirar cables eléctricos por espacios que ninguna máquina puede alcanzar.
Los visones están equipados con un transmisor y un hilo fino atado al collar. Cuando recorren los tubos, el hilo queda atrás y luego se utiliza para tirar del cable real a través del camino que el visón ha trazado.
El uso de visones para este tipo de trabajo no es algo nuevo. Según la Escuela Nacional de Entrenamiento de Visones, estos animales fueron domesticados hace unos 2.500 años, originalmente para cazar conejos que los humanos no podían alcanzar. La Legión Romana los llevaba consigo durante sus campañas precisamente por esta razón.
De desagües a un acelerador de partículas
Una de las historias más curiosas sobre visones trabajando involucra la física de partículas. En 1971, los científicos del entonces Laboratorio Nacional de Aceleradores de Estados Unidos —más tarde renombrado Fermilab, en honor al físico Enrico Fermi— se enfrentaron a un problema serio durante la construcción de un acelerador de partículas.
Fragmentos microscópicos de metal estaban bloqueando los tubos de vacío del equipo, que tenían un diámetro aproximado al de una pelota de tenis. Como ninguna máquina podía limpiar estos tubos, un ingeniero británico llamado Robert Sheldon sugirió usar un visón. Por solo 35 dólares, el laboratorio compró una visón pequeña llamada Felicia, que fue entrenada para recorrer secciones de 300 pies de los tubos con un hilo atado al collar.
Según los registros de Fermilab, Felicia completó alrededor de una docena de carreras exitosas y ahorró miles de dólares al laboratorio. Se convirtió en una pequeña celebridad en ese momento, apareciendo incluso en la revista Time. Después de su jubilación, el ingeniero Hans Kautzky desarrolló un dispositivo mecánico que llamó “visón magnético” para continuar el trabajo.
Perros que rastrean enfermedades: el olfato más poderoso del planeta
Mientras que las ratas y los visones impresionan por lo que hacen en el entorno físico, los perros ofrecen una capacidad que parece casi sobrenatural: detectar enfermedades por el olor. La Dra. Claire Guest, cofundadora y directora científica de Medical Detection Dogs, una organización con sede en Milton Keynes, en Inglaterra, es una de las mayores autoridades en la materia.
Según la Dra. Guest, los perros poseen aproximadamente 300 millones de receptores olfativos, mientras que los humanos tienen solo 5 millones.
Además, la estructura de la nariz de los perros les permite inspirar y espirar simultáneamente, lo que maximiza la detección de moléculas de olor. Esto significa que pueden identificar olores extremadamente sutiles y seguir rastros durante horas.
Estos perros ya han sido entrenados para detectar cáncer, epilepsia, malaria, Parkinson e incluso COVID-19. Medical Detection Dogs ya ha entrenado y colocado a casi 200 perros de asistencia, que trabajan diariamente para salvar las vidas de sus dueños. En pruebas de detección de cáncer, los perros de la organización demostraron una confiabilidad del 93%, un índice superior al de muchos exámenes convencionales utilizados por el sistema de salud británico.
Perros de asistencia médica que cambian vidas
Además de la detección de enfermedades en muestras, Medical Detection Dogs también entrena perros de asistencia médica que viven y trabajan con un único ser humano. Estos perros son entrenados para alertar a sus dueños cuando una emergencia médica está a punto de ocurrir.
Uno de los casos más impactantes es el de Lauren, que sufre del síndrome de taquicardia ortostática postural y un trastorno neurológico funcional. Su perra de asistencia, Mabel, aprendió a señalar cuando Lauren está a punto de desmayarse o tener una crisis, colocando la cabeza en su regazo o impidiéndole que se levante.
Lauren fue diagnosticada a los 16 años y, antes de tener a Mabel, no podía vestirse, lavarse o alimentarse sola. Según ella, la perra cambió su vida de forma radical, permitiéndole salir y moverse de forma independiente. Cuando se le preguntó si cambiaría a Mabel por un robot, su respuesta fue inmediata: no la cambiaría por nada en el mundo, porque además de alertar, existe una conexión emocional que ninguna máquina puede replicar.
¿Por qué la naturaleza aún vence a la tecnología?
Lo que conecta a todos estos animales —ratas, visones y perros— es la capacidad que la evolución les ha dado a lo largo de millones de años: olfato agudo, cuerpo adaptado a espacios confinados, inteligencia y capacidad de aprendizaje por refuerzo positivo. La tecnología ha avanzado enormemente, pero aún no ha logrado replicar estas características de forma fiable y a bajo costo.
Según datos de APOPO, el costo operativo de mantener una rata para desminado es significativamente menor que la inversión necesaria para usar robots o sensores avanzados. Esto permite que las organizaciones humanitarias limpien áreas mucho mayores con los recursos disponibles. En los campos de la ingeniería y la salud, la situación es similar: los visones y los perros ofrecen soluciones prácticas, económicas y fiables que la tecnología aún no ha superado.
En una era en la que la automatización parece a punto de sustituirlo todo, estos animales nos recuerdan un hecho simple pero poderoso: la naturaleza aún tiene mucho que enseñarnos.
¿Cree usted que la tecnología algún día sustituirá a estos animales en sus funciones? ¿Deben los HeroRATs ser considerados héroes oficiales por los países a los que ayudan a liberar? Deje su comentario a continuación y participe en esta discusión.
