¿Te ha pasado que una ardilla en Nueva York o un mono en Nueva Delhi intentan robarte el almuerzo directamente del plato? No es un caso aislado. En Sídney, los ibis blancos han sido apodados «bin chickens» (pollos de basurero) debido a su costumbre de robar sándwiches y basura.
Este comportamiento audaz, que no es normal para la mayoría de las especies que viven en el campo, se está manifestando en la fauna urbana de todo el mundo. Estudios revelan que los animales que habitan en entornos urbanos están exhibiendo conjuntos de comportamientos comunes, un proceso denominado «homogenización conductual».
Sin embargo, este cambio tiene un costo: mientras se adaptan a la ciudad, estos animales están perdiendo rasgos que serían fundamentales para su supervivencia en la naturaleza. Esta tendencia ocurre paralelamente a la pérdida de diversidad de especies provocada por la urbanización.
¿Qué hace que los animales de ciudad sean tan similares?
A pesar de sus diferencias locales, las ciudades del mundo comparten características clave: son más cálidas que el campo, ruidosas, tienen contaminación lumínica y, sobre todo, están dominadas por seres humanos.

La fauna urbana, desde las gaviotas en las ciudades costeras del Reino Unido hasta los monos de Nueva Delhi, ha aprendido que las personas son una fuente de alimento. Además, como generalmente los humanos no los dañan, los animales dejan de temerles.
Este fenómeno también está impulsando la evolución. Los cambios en los entornos urbanos han favorecido la supervivencia de los animales más audaces, quienes transmiten estos rasgos a sus descendientes. En términos genéticos, los científicos explican que el entorno está «seleccionando» estas características de valentía.
