“Anna”, la ópera prima de Monica Guerritore, ya está en los cines italianos desde el 6 de noviembre, tras su estreno en la 20ª edición del Festival de Cine de Roma, distribuida por Notorius Pictures. La película nos transporta a una noche romana de 1956, justo antes de que Anna Magnani hiciera historia al ganar el Oscar por “La rosa tatuada”, convirtiéndose en la primera actriz italiana en recibir el prestigioso galardón.
La película fluye con una belleza cautivadora, y Guerritore ofrece una interpretación hipnótica de Magnani: una mujer fuerte y a la vez increíblemente vulnerable, con una presencia escénica imponente y un espíritu indomable. La actriz encarna a la icónica Pina de “Roma città aperta”, a la inolvidable protagonista de “Mamma Roma” de Pier Paolo Pasolini, y a la diva que rechazó “La Ciociara”, incapaz de identificarse con el papel de madre de Sofia Loren. La dirección es precisa y la narrativa, profundamente sincera, se detiene en los gestos sutiles – las manos que acarician rostros, las piernas que dibujan pasos firmes o delicados sobre los adoquines romanos – creando un relato mudo pero extraordinariamente elocuente.
Guerritore, un reflejo de todas nosotras
Al adentrarnos en la sala, un silencio reverencial nos envuelve, como si estuviéramos hojeando un viejo álbum de fotografías. Un viaje a una Italia que ya no existe, un recordatorio de quiénes éramos y de dónde venimos. Guerritore destaca por su interpretación cristalina, presentando no un personaje, sino una persona real, con la que todas podemos identificarnos. Con un ritmo pausado y seductor, nos cuenta la historia de la vida, donde la alegría y el dolor se persiguen sin cesar.
Anna Magnani revive en la pantalla, con su físico inconfundible, su melena oscura y su mirada desafiante. Ha regresado, después de más de cincuenta años, intacta y poderosa, para hablar con la voz de una diva contemporánea. Monica Guerritore, al igual que Nannarella, desafía las convenciones al abrazar las arrugas, que la hacen aún más bella. El neorrealismo y la figura de Roberto Rossellini, amor y arrepentimiento de una vida, rodean a la protagonista.
En nombre de la madre
En ciertos momentos, la película toma un giro poético, evocando visiones que se extienden hasta “La voz humana”, un cameo de una actuación desgarradora. Monica Guerritore apuesta y gana: interpreta a otra persona sin perder su propia esencia, un ejercicio de autenticidad. Anna es una mujer, y todas las mujeres. Es una madre que sufre la distancia de su único hijo, afectado por la poliomielitis, a quien solo puede ofrecer la mejor atención médica. Rompiendo con las normas, le dará a Luca su apellido: en nombre de la madre, no del padre, como diríamos hoy. Contratendencia, moderna, actual y por eso eterna, Anna encarna la Italia de la posguerra y la de todos los lugares. Denuncia la hipocresía y una tradición asfixiante y patriarcal.
Y deja un mensaje político contundente que llega al espectador. Un aviso, pero también una invitación, dirigida a las mujeres de hoy: sed quienes queráis ser. En el fondo de la historia reside una deuda de felicidad: puede ser un precio a pagar o un derecho a reclamar. La elección depende solo de nosotras.
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